noYo.. no soy muy expresivo..

Hay una persona que conocí este año en una entrevista normal, un día normal, con unas expectativas normales. El buscaba empleo y pensé que vivía en la calle.

Grande, de lentos movimientos y exquisitez en el trato. La imaginación me llevó a relacionarlo con un árbol, un árbol fuerte, frágil.

Un requisito que pedimos, traer la vida laboral. Para qué me pregunto. Qué me indica la vida laboral de una persona…De sus miedos, de sus esperanzas, de sus andanzas, de cómo siente lo que ha vivido, mientras se escriben sus palabras en cualquier oficina, en cualquier lugar donde le escuchen.

Su vida laboral era exactamente: 1 día en la descarga. 49 años.

Lo seleccioné para el programa de empleo de personas muy vulnerables. Sin dudas. Su vida laboral ya estaba impresa en sus manos gigantes, en su mirada honesta y amable. En la dignidad con la que hablaba, esta es mi vida.

Hoy quiero hablar de él, de TAJES. Sí, vivía en la indigencia, sí, solo había trabajado un día, sí, tenía una gran discapacidad en la pierna y cadera y sí, tenía muchos noes acumulados, muchos cursos, muchos intentos. Mucha resignación.

Y también.. ganas de vivir, de probar, de conocer, de participar, de ser alguien para alguien, para otrxs. Porque para si mismo ya era. De sorprender, de facilitar.

Empezó en limpieza, de edificios, de barcos…una vez más no salían las cosas. Puntual, cumplidor, se desplazaba donde hiciera falta. Cuando llegaba la hora del contrato, o bien querían a una mujer para limpieza: limpian mejor ya sabes, o bien su falta de experiencia era lo más parecido a no tener iniciativa…vaya…iniciativa. ¿Sabes como ha sido su vida..?

En una conversación, me dijo: Susana, ya estoy acostumbrado a que no salga nada… y mientras se marchaba, miré su movimiento más lento de lo habitual. Se iba con melancolía.

Me quedé en él. Como persona que ansía otra vida sin hacer ruido.

Inesperadamente un restaurante con el que colaboramos buscaba una mujer para lavar grandes ollas. Por una confusión casual, un cisne negro, fuera de toda expectativa esperada, presentarle a la empresa produjo un fuerte impacto. Positivo. Un árbol que se muestra.

Surgió su primer contrato. Va camino de ser ayudante de cocina. De momento un año. Regresando en el coche ese primer día, hablamos, su calma y mi alborozo se desbordan en las rotondas:

– Tajes, ¡¡que alegría!!, ¿como estás? Por favor, ¡¡como te lo mereces!! Después de tanto..

– Bien, estoy muy bien, Susana, sabes, yo no soy muy expresivo, pero… esto es un sueño para mí.

Y sonreímos.

De repente paseamos por los pensamientos que estos meses se quedaron sin salir a la calle, para expresar las palabras que se arrinconan en alguno de los lugares en los que experimentamos las emociones. Un sólo detalle, un sólo instante en el que la confianza, la ausencia de prejuicios abandera la relación que se inicia con una persona, intensifica creencias sobre la sensibilidad interpersonal. Algunas de estas creencias se nutren de lo que describimos como habilidades blandas. Permiten que una persona destaque, sobre todo cuando se percibe la amabilidad, el optimismo, el sentido común, el sentido del humor, la empatía y la capacidad de colaborar y negociar.

La emoción que nos acompañó Tajes, fue la curiosidad que nunca abandonamos. Seguimos como niños, confiando en la vida.

El reflejo hermoso de un árbol frágil.

Gracias siempre.

Autora: Susana RZ

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