azar

Tomé el tren rumbo a estación Merlo, para entregar unos productos a un cliente y mantener una entrevista de negocios (previamente concertada por teléfono), con otro.

De camino, vi que un tren había sufrido un descarrilamiento, eran las 10,30hs. Pensé: “No es nada, de modo que al volver no habrá problemas”.

Al llegar al cliente donde debía hacer entrega de los productos, me dí cuenta que me había equivocado de caja y que llevaba algo que no me había pedido.

Contrariado, quedé en volver y me dirigí a la entrevista de negocios. El futuro cliente se “había tenido que ir urgente”, según me dijo el empleado y por lo tanto, no hubo entrevista.

Seguí hasta la estación para volver. Aún no había trenes. “Tomaré un autobús y listo”, me dije, dispuesto a no enojarme.

En los 45 minutos que estuve parado al sol, con casi 34 grados de temperatura, solamente pasó un bus que no paró, porque iba lleno.

Decidí, entonces, ir a almorzar tranquilo y luego ver qué hacía. Así fue.

Volví a la estación después de comer y había trenes pero, “demorados”, por el accidente.

De modo que, aproximadamente cinco horas después de partir, llegué a mi casa, acalorado y sin que nada de lo previsto hubiera sucedido.

Fue entonces cuando entendí la diferencia entre la estrategia y el azar y cómo estar preparado para hacer otras cosas cuando el azar se ríe de nuestra “segura planificación”.

Estrategia y azar, son los dos límites entre los que accionamos los humanos en el mundo.

Estrategia, nos permite suponer que tenemos todo “bajo control”. Es una ilusión que dura poco, exactamente hasta que comienzan las consecuencias de nuestros actos. Es poco o nada lo que podemos controlar.

Azar: En mi opinión tiene una lógica, que desconocemos. Es lo que a veces damos a llamar “casualidades” o “imprevistos.

No obstante, el “universo”, tiene sus propias leyes. No es suerte, es una lógica diferente que no llegamos a entender con nuestro pensamiento racional.

Así va siendo nuestra deriva por la existencia. Por eso somos seres humanos, todo se rige por el principio de incertidumbre.

Tener metas y planes para lograrlas, es ejercer la estrategia.

Sin embargo, hay que estar atentos al azar. Generalmente es el que nos marca caminos y posibilidades que no hemos podido distinguir.

El secreto es aprender a cambiar estrategias, a partir de hechos aparentemente azarosos.

Finalmente, lo que importa es llegar a lograr aquello que nos propusimos o lo que deseemos de lo que “el universo”, nos proponga día a día.

El azar no es suerte. Y tampoco se trata de sentarse a esperar que suceda algo.

Cada uno debe crear el contexto en el que desea que funcione el azar. Es decir que para que algo suceda, debemos movernos en la dirección deseada y tratar de ubicarnos en el sitio exacto donde funcionará la sincronicidad para que aquello que esperábamos se cruce con lo que estábamos haciendo para que ocurra.

Aquí juega otro elemento fundamental para accionar en el mundo, se llama, la Intuición.

Siempre maltratada y devaluada, es la mejor y más poderosa herramienta humana, para jugar con el azar. Lo que “sentimos” o “presentimos” tiene un gran valor, ya que generalmente, está compuesto del mismo material que el azar.

Ejercer la intuición es ponerse más allá de lo que vemos, tocamos, olemos, oímos o saboreamos. Usar la intuición consiste en situarse en el sitio exacto en que la estrategia se cruza con el azar.

Quienes viven la ficción del “control”, ven frustrados constantemente sus objetivos, cuando éstos chocan con lo dispuesto por el mundo de lo complejo, lo incierto.

Dicho de otra forma: No esperemos que llueva sopa, con un tenedor en la mano, porque cuando suceda seguiremos hambrientos.

Autor: Jorge F. Mosca Tejerina

Web: JFM- CONSTRUYENDO POSIBILIDADES