flow

Según Mihaly Csikszentmihalyi, uno de los psicólogos más destacados de la Psicología Positiva, el estado de “flow” (fluir) es cuando realizamos una tarea grata y placentera que se caracteriza por tener un grado medio de dificultad. Si una tarea es demasiado fácil o demasiado difícil, es probable que la abandonemos.

¡Las cosas positivas también tienen sus desventajas! Hace un par de años, comencé a escribir frente a la puerta de embarque de mi vuelo de Swiss Air de regreso a Madrid. Me sentía inspirada porque había pasado unos días en Mondorf Les Bains, un fabuloso balneario a 20 kilómetros de la ciudad de Luxemburgo.

De inmediato, mis dedos conectaron con mi cerebro, mi cerebro conectó con mis experiencias y se produjo ese momento mágico (de flow) en el que el tiempo no pasa. Las páginas en blanco se llenaron de letras negras con mi estilo de fuente favorito Gill Sans MT.

A la salida de esta inmersión narrativa intemporal, comencé a escuchar susurros y bastó una mirada periférica a la sala de embarque para comprobar que los ecos alborotados y sonoros de los españoles que me acompañaban en la estancia ya no estaban: habían dado paso a otras voces aterciopeladas de acento portugués, cuyos rostros desconocidos me transportaron a la cruda realidad de que había perdido mi vuelo; ¡Horror! justo delante de la puerta por las que mis compatriotas accedieron al Airbus que me hubiera retornado a Madrid.

Mi primera reacción al ver en el Panel: “Swissair SR 112 Lisbon” fue de frustración, la segunda fue más creativa: “me quedaré una semana en Zurich y conoceré más esta fantástica ciudad” y la tercera, la definitiva, pregunté donde podía comprar un vuelo de regreso a Madrid. El estado de flow me costó 155 euros. Para más ”INRI” la vendedora del billete de Iberia, una guapísima negra de Curacao, me dijo con acento caribeño: “Es una pena que pierdas el dinero de esa manera”.

En el avión me senté al lado de un amable señor de Las Islas Canarias, quien al enterarse de mi situación me advirtió cautelosamente: “Yo que tú no le contaría esa historia a nadie”. Luego, me senté al lado de una chica que venía de Grecia que me confesó: “No te creas que eres la única que ha perdido el vuelo”. Según me contó, no había entendido las indicaciones en el aeropuerto de Atenas, y allí estaba ella, sentada a mi lado en un estado de “solidaridad compartida”. Para colmo, en el avión de Iberia no me ofrecieron chocolates, ni pastelillo de verduras o una bebida gratis como en Swiss Air, ¡Iberia lo cobra absolutamente todo!

Después de esta experiencia tomaré las suficientes precauciones para entrar en un estado moderado de flow. A veces menospreciamos los sentimientos que consideramos negativos como: la tristeza, la angustia, la frustración, la desesperanza, o la insatisfacción, etc. Y, sobrevaloramos los “sentimientos positivos”: alegría, euforia, satisfacción, jubilo, esperanza, etc.

En la actualidad, se han descartado las clasificaciones bipolares de sentimientos: ”Negativos vs. Positivos”, porque se ha llegado a la conclusión de que todos los sentimientos desempeñan una determinada función en nuestra vida.

¿Qué pasaría si estuviéramos permanentemente en estado de flow?
¿Entraríamos en pánico de vuelta a la cruda realidad?
A mi me queda claro que los sentimientos deben experimentarse en su justa medida.

Autora: Mercedes Valladares Pineda – Psicóloga Experta en Coaching Transcultural