Normalidad

Esta nota, no pretende transformarse en un ensayo científico. Es más, aceptamos todos los aportes que, especialmente en el siglo XX, han hecho, la Psicología, la Psiquiatría y más cercanos, las Neurociencias, al conocimiento, entendimiento y generación de métodos de curación, de lo que denominamos enfermedades psíquicas, que hoy en día estamos, cada vez más seguros, que se tratan de enfermedades psico-físicas, es decir, manifestaciones del dominio del cuerpo, con origen en alteraciones emocionales y de la psiquis profunda.

Desde este punto de vista, es que, luego de años de habernos preguntado acerca de qué son algunas de esas enfermedades y basados en la experiencia directa, el autoanálisis, el estudio de los diferentes avances que se han producido y finalmente las conversaciones de coaching, con fundamento ontológico, es que nos atrevemos a compartir esas reflexiones, acerca de la relación entre las neurosis o lo denominado como tal y el criterio que llamamos “normalidad” o dominio del ser “normal”.

Nuestro único fin es, entonces, hacer un aporte a los Coaches Ontológicos y a los Psicólogos y Psicoterapeutas que, más allá de su propia formación, se atreven a “correr los límites”, en el afán de hallar nuevos caminos para tratar ciertas disfunciones psíquicas o psicofísicas, que denominamos “neurosis”.

Se trata, entonces de una forma de ayudar a nuestros pacientes/clientes, para que puedan tener una vida más plena y con logros, de acuerdo a sus objetivos en el mundo.

Para comenzar, debo hacer ciertas declaraciones. Son los límites dentro de los cuales desarrollo estas reflexiones.
Mi mirada es la del Coaching Ontológico, es decir basada en el constructivismo.

Así como el aporte constructivista es fundamental, lo es también la filosofía del Pensamiento Complejo y la Teoría Sistémica.

Es desde estos aportes, como vemos el mundo, las personas y las cosas, quienes nos dedicamos a esta profesión.

El coaching ontológico, declara que los seres humanos somos existencias que a través de sus vidas, vamos diseñando y rediseñando, constantemente nuestro ser, nuestra esencia, que sería un modelo en permanente cambio.

Es decir que, a través de nuestras vidas “estamos siendo”, siempre alguien diferente a quien éramos. Ése estar siendo alguien diferente, se alimenta de varias fuentes: Nuestra herencia biológica (limitante insalvable), nuestra herencia cultural o social, el contexto geográfico, la educación e instrucción que recibimos, nuestra religión y también los principios éticos (personales) y morales (sociales) en los cuales nos vemos incluidos, etc.

También nos constituimos a partir de las experiencias que vamos teniendo a través de los años, las cuales analizamos y procesamos desde aquellos paradigmas de base, antes mencionados.

Aclaro que llamamos “paradigma”, a un sistema de creencias que funciona en determinada época y que permite a las personas y a las sociedades existir, tener “certeza” o “certidumbre”, sentirse “seguras”, de que todo es de una sola forma.

Dicho de otra manera, un paradigma fácilmente verificable, es, “todos los días sale el sol”. Esto nos permite saber que mañana será igual que hoy y que lo fue ayer.

A nadie se le ocurriría pensar que alguna vez no fue así y que probablemente o mejor dicho, seguramente, en algún momento que desconocemos, dejará de serlo (esto está comprobado científicamente). No obstante, lo que nos permite vivir, crecer, multiplicarnos y seguir pensando en lo que denominamos “futuro”, es aquella creencia de que “todos los días sale el sol”.

A partir de aquellos hechos y su posterior interpretación, vamos modelando un “marco de referencia”, un “modelo mental”, o sea una “forma de ver las cosas, el mundo y a nosotros mismos”, que determina nuestro modo de ser y actuar en el mundo.

El coaching Ontológico, sostiene que, los seres humanos, nos constituimos como tales en tres dominios básicos, interdependientes y también que se influyen unos a otros, al punto que, cualquier cambio en uno de ellos, provoca el cambio en los otros dos. Estos “dominios del ser”, son,

CUERPO – EMOCIÓN – LENGUAJE.

Somos y expresamos lo que somos, con nuestro cuerpo. Es más, hasta podemos hacernos entender por otros humanos, sin pronunciar palabra alguna. Basta imaginarnos una expresión facial de tristeza o alegría, para comprobar esto.

Y ya que hablamos de tristeza o alegría, hablamos del otro dominio, el de las emociones.

Los seres humanos somos seres emocionales. Cualquier hecho que vivimos en el día a día, genera en nosotros una emoción y ésta, dispara una interpretación del hecho, basada en nuestro marco de referencia, que nos permite elegir el tipo de respuesta o acción en el mundo.

Sin las emociones, lo seres humanos, no seríamos “humanos”, en el sentido que estamos compartiendo.
Finalmente y desprendido de lo dicho anteriormente, sostenemos que los seres humanos nos constituimos como tales en el lenguaje. Lo que venimos razonando, es la clara constatación de este hecho.

El lenguaje, no es solamente un vehículo de comunicación, sino que genera acción. A través del lenguaje abrimos o cerramos posibilidades. Dicen los grandes autores, como R. Echeverría, que el lenguaje “construye mundos de sentido” y que es aquello que, auténticamente, nos diferencia de otros seres de la naturaleza.

Es a través del lenguaje que podemos mantener conversaciones hacia fuera y hacia dentro de nosotros mismos. Estas conversaciones, nos permiten sacar conclusiones, basadas en nuestras creencias y desde allí actuar.
Pensemos solamente nuestras posibles respuestas ante determinada propuesta:

“Sí”, “No”, “Puede ser”, o alguna otra.

Todas abren distintas posibilidades.

“Si”: Abrimos una nueva oportunidad de algo.

“No”: Cerramos toda posibilidad a algo diferente.

“Puede ser”: Reconocemos que hay posibilidades, aunque necesitamos mayor información o alguna otra cosa.

A eso nos referimos, cuando hablamos de la importancia del lenguaje como aquello que nos constituye y también nos permite actuar en el mundo.

Y decimos que nos constituye, porque el lenguaje, esa constante conversación que mantenemos con nosotros mismos y con los demás, es el que nos va generando las opiniones, los juicios que tenemos acerca de nosotros, los demás y el mundo. Dice Echeverría: “El lenguaje no es inocente. Todo lo dicho es dicho por alguien”.

Desde esas conversaciones es que construimos la realidad, “nuestra” realidad, de modo tal que, podríamos decir que la realidad, en sí no importa siquiera si existe, porque, lo que nosotros “vemos” o conocemos, es nuestra propia interpretación de aquella y eso es, para cada uno, la “realidad”.

Normalidad y enfermedad del psiquismo.

Ha sido fundamental el aporte de las ciencias de la conducta para el conocimiento de lo que son las enfermedades de la mente y su tratamiento.

Sin embargo, existe un tema que nos insume mucho tiempo de reflexión, hace ya muchos años. La pregunta es:

¿Qué es ser normal? ¿Para qué necesitamos definir lo que es normal ¿Cuál es el criterio desde el cuál definimos la normalidad? ¿Qué hechos fundamentan la definición de normalidad? ¿Cómo puede medirse la normalidad de una persona? ¿Y la persona que no cumple con alguno de los parámetros que definen “normal”, es “anormal”?

Y en ese caso, ¿qué es la enfermedad? ¿Cuál es el límite entre normalidad y enfermedad, desde el punto de vista de la mente o la psiquis?

Si consideramos lo dicho anteriormente, de acuerdo a las épocas, las creencias dominantes y el conocimiento adquirido, la idea de enfermedad ha ido variando.

Por ejemplo: Hasta no hace muchos siglos, una persona que sufría de epilepsia, podría haber sido considerada como “endemoniada” y quemada en una hoguera. Era “anormal”.

Del mismo modo, o parecido, todo aquel que no actuara de una forma aceptada por el paradigma de su tiempo, podría ser considerado enfermo, apóstata, blasfemo o simplemente, fuera del sistema de vida y marginado del mismo, por ser o actuar distinto que los “normales”.

No son pocos los casos que podemos citar, valga solamente alguno:

A Leonardo de Vinci, se lo consideró mucho tiempo, como una especie de loco, porque se le ocurrió diseñar el plano de una extraña máquina que desafiaba las leyes naturales y de Dios: esa máquina es hoy conocida como…el helicóptero.

Otra apostasía de Leonardo: Diseñó lo que hoy denominamos “automóvil”. Eso le valió todo tipo de excomuniones y anatemas del pensamiento dominante en su época.

Galileo Galilei: Sostuvo la teoría copernicana del heliocentrismo. Decía que la tierra se movía alrededor del sol y no éste alrededor de la Tierra y lo fundamentaba.

Fue juzgado por herejía y debió retractarse y afirmar que la Tierra era el inmóvil centro del universo y el sol, giraba a su alrededor.

De ahí la frase que se le atribuye (construcción del lenguaje que reabrió inquietantes mundos) que dijo, luego de “arrepentirse”, frente al Tribunal que lo había juzgado: “E pour si muove” (“Y sin embargo, se mueve”).

Hay muchísimos otros ejemplos. La mayoría de ellos fueron considerados “locos” o “herejes”.

Con el tiempo, los avances de las ciencias y del pensamiento, fueron cayendo aquellos paradigmas y generándose otros que los reemplazaron.

Los humanos no podemos vivir sin explicarnos lingüísticamente, el mundo que nos rodea.

En este contexto, la idea de enfermedad y salud o el criterio de “normalidad”, ha ido cambiando. Podemos entonces hacer, al respecto, las siguientes reflexiones.

Ser normal, a través de los años.

Estamos seguros que la idea de lo que “es normal o no”, ha ido cambiando con el tiempo.

Recuerdo en mis épocas de estudiante de Psicología, que las diferentes escuelas, distinguían lo normal de la enfermedad y que en definitiva, normal era aquella persona que estaba adaptada a su medio o sea que respondía personal y socialmente, del modo que se esperaba entonces.

Una diferencia la hacían los genios: Ya mencionamos algunos, a los que podemos agregarles otros, como Van Gogh, Velázquez, etc. en el mundo de la pintura y otros en diferentes dominios del quehacer humano.

A muchos de estos casos, al no haber explicación, se lo consideraba como una especie de “outsiders”, o sea, personas que estaban “afuera” de los modelos imperantes en su tiempo.

De todas formas el concepto de normalidad ha ido cambiando. Hasta no hace mucho tiempo, una persona que hiciera una opción sexual, por personas de su mismo sexo, era considerado un enfermo o un pervertido o degenerado…hoy, en algunas sociedades occidentales, se considera parte normal de las mismas a quien opta por esa posibilidad.

Podríamos abundar en ejemplos, aunque todos sabemos de esto.

Lo que vale, para este tema es la idea que hemos ido acuñando a través del tiempo:

Ser normal o ser neurótico son conceptos separados por una delgada línea.

Y también declaro que, en el límite entre normalidad y neurosis, en su sentido más amplio, puede accionar el Coach Ontológico, logrando excelentes resultados para su paciente/cliente.

Finalmente, postulo lo siguiente:

La conducta neurótica habitual, parte de una construcción lingüística (juicio o juicio maestro), que comienza a cristalizarse como modo de ser y por lo tanto genera siempre la misma respuesta, antes situaciones similares, antes de convertirse en una neurosis profunda.

Afirmo que el modo de abordaje, por parte del Coach Ontológico, debe ser desde el profundo conocimiento de los Mecanismos de Defensa del Yo, su descripción y significado, iluminado desde lo que hoy sabemos de los seres humanos y su conducta.

Declaro que, partiendo de aquél conocimiento, el Coach Ontológico puede, siempre y cuando conozca también perfectamente sus principios éticos y los de la profesión, avanzar, en las conversaciones, intentando guiar a su coacheado, hacia la distinción, aceptación, rediseño y fundamentación, de aquellos juicios maestros, que hagan desaparecer las respuestas neuróticas, entendidas como modos “cristalizados”, de accionar en el mundo.

De esa forma, el coacheado podrá lograr fundamentar nuevos juicios que remuevan antiguas creencias y le permitan ser en el mundo de una manera más plena y feliz.

En el caso que, el límite no pueda ser traspasado o que desde ninguno de los tres accesos (cuerpo, emoción y lenguaje), sea posible llegar a aquellos juicios que sostienen las respuestas defensivas, estaremos en presencia de lo que denominamos, “enfermedad, neurosis, patología o conducta anormal” y será entonces el momento de derivar al paciente/coacheado a un profesional de la psicología.

La mayoría de las respuestas neuróticas se sustentan a juicios basados en lo que hemos explicado brevemente en esta nota. Y pueden ser removidas, desde la práctica del Coaching Ontológico, por un profesional, debidamente entrenado.

No encuentro contradicción ni invasión de dominios de otras profesiones. Más bien, he podido constatar que, cuando no existía nuestra práctica, eran las otras profesiones las que ocupaban el delgado lugar entre la normalidad y la neurosis, tratándolo con el método de la psicoterapia, pero sin formación alguna en Ontología del Lenguaje ni tampoco en el manejo de la pregunta y las demás herramientas que sí puede utilizar con eficacia un Coach Ontológico.

Por último, sostengo que, podemos confirmar sencillamente lo que digo arriba, apenas verifiquemos que muchas de las conductas consideradas “anormales” hasta no hace mucho son hoy parte de la normalidad y que se acepta que todos los seres humanos “normales”, podemos definirnos también como neuróticos, sin que esto implique, necesariamente, enfermedad.

Esto se debe a que, es imposible poder mostrar a una sola persona en el mundo que sea lo que los libros han denominado “normal” , siendo que “normal” es definitivamente un juicio que va cambiando de fundamentación constantemente, junto con el avance de las ciencias de la conducta, la biología y las neurociencias.

Invito a quienes lo deseen a discutir éstas ideas. Irá en beneficio de nuestros clientes/pacientes y de nuestra joven profesión.

Autor: Jorge Francisco Mosca

Web: JFM- CONSTRUYENDO POSIBILIDADES