fuentesDos autores norteamericanos, Tom Peters y Robert H. Waterman, escribieron en 1982, el libro “En busca de la excelencia”, el cual tiene un capítulo que se llama “Volver a las fuentes”. Este libro, a mi juicio, además de convertirse en unos de los clásicos de la literatura sobre gerencia, es también un libro que permite inferir los posibles cambios a futuro, sin perder la vista lo básico, las lecciones que han aportado y siguen aportando muchas empresas excelentes, para poder enfrentar el devenir del tiempo.

Muchas organizaciones en el mundo han pasado por diversas tendencias o modas gerenciales, desde las décadas de 1970 y 1990. Habría que preguntar cuáles de esas empresas han institucionalizado dichas tendencias para enfrentar el cambio y sus múltiples exigencias y establecerlas como parte de su cultura organizacional.

Actualmente, en el contexto donde vivimos, han ocurrido muchos cambios en poco tiempo y hemos ido de lo analógico a lo digital, del mercado local al mercado global, de las culturas cerradas a las culturas abiertas. En fin, hemos sido testigos de múltiples cambios diversos y continuos. Es importante preguntarse dónde estamos y a dónde vamos.

Tal vez uno de los aportes más significativo del mencionado libro está en esa frase: Volver a las fuentes, la cual envuelve el significado fundamental y básico de su análisis sobre la conducta de las 43 empresas clasificadas como excelentes en la época en que fue escrito, con base a 8 variables definidas.

Volver a las fuentes, es asumir la variable principal, sujeto y objeto de cualquier creación humana: la persona. La importancia de las competencias humanas, mal llamadas blandas, son la clave de la excelencia a cualquier nivel familiar, organizacional y social.

Es muy común observar la orientación de algunas empresas e instituciones en buscar elementos y sistemas externos a la misma organización, cuando solo existe uno solo, el que determina la posibilidad de su capacidad creadora y transformadora como tal: la persona.

El día que muchas empresas grandes, medianas y pequeñas, se reconozcan a sí mismas y establezcan su identidad cultural y sean capaces de autoestimarse, reconociendo sus debilidades y potenciarse con sus grandes fortalezas, sólo entonces se volverá a las fuentes, a la persona, donde a partir de la ética, el esfuerzo productivo y creativo y la capacidad de integrar su quehacer diario con la orientación estratégica de la empresa, lograrán establecer un clima más armónico y productivo para la empresa.

Autor: Arturo G. Mengual

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