La motivación como herramienta educativa del éxito

motivación

¿Alguna vez te has sentido desmotivado?, ¿crees que el éxito recae en la motivación?, ¿es una habilidad innata o, por el contrario se puede aprender?
Múltiples son las preguntas y respuestas acerca de la motivación que se han venido haciendo en nuestra sociedad para comprender la importancia de esta en el éxito personal y profesional.

En primer lugar, este concepto podemos definirlo como la fuerza y el impulso que hace que nuestras metas se conviertan en acciones, es definitiva, en objetivos hechos realidad.

Entonces, ¿todos podemos llegar a estos niveles de motivación? La verdad es que esta técnica requiere de mucho más. En ella, es necesario tomar en cuenta la atención, el autocontrol, el deseo y la fuerza que determinan la energía de la acción. Por esa razón, existen sujetos altamente motivados que ponen en juego estas capacidades. Y por el contrario, aquellos que carecen de motivación, esperan un éxito limitado fijándose metas bajas a sus capacidades sin tener inquietudes y objetivos concretos (Ibarrola, 2009).

Desde la educación, teniendo en cuenta que es una habilidad que puede aprenderse, podemos entrenar a nuestros alumnos para lograr una automotivación como herramienta tanto para su etapa infantil como adulta, manteniendo una actitud positiva ante el esfuerzo y la persistencia que la sociedad actual nos obliga a mantener debido a los altos índices de competitividad laboral que existen en la actualidad.

Goleman (1995) señala que los estudios que se han llevado a cabo en este dominio, muestran que la diferencia entre quienes se encuentran en la cúspide de su carrera, de aquellos otros que no han logrado este éxito similar, radica en la práctica rutinaria y sistemática llevada a cabo a lo largo de los años. Esta constancia depende fundamentalmente de la motivación y la tenacidad que se demuestra ante determinados contratiempos que surgen durante dicho proceso.

No obstante, un aspecto muy relacionado con esta capacidad de automotivación es la demora de la gratificación. Walter Mischel llevó a cabo una investigación muy conocida con niños y niñas de cuatro años que consistía en esperar durante veinte minutos con una golosina sin comerla, pues si conseguían posponer ese deseo de gratificación inmediata recibirían otra más.

Hoy en día se exige la recompensa inmediata, obteniendo frustración si por el contrario los objetivos no son conseguidos de forma rápida. Hay que tener en cuenta que la frustración no va a permitir a los alumnos seguir con este alto grado de fuerza para conseguir sus objetivos. Por ello, es importante educarlos en la creencia de los logros a largo plazo con el objetivo de centrar la atención en la experiencia, en la formación y en el desarrollo de sus capacidades.

Por lo tanto, debemos trabajar para construir una base sólida en nuestros alumnos y alumnas, respetando dichas habilidades. El reto es sencillo, a partir de una alta motivación, llevar a cabo aprendizajes donde los niños puedan desarrollar sus diferentes inteligencias mediante una metodología en la que sean ellos mismos los creadores de su propio aprendizaje.

Autora: Sara Nuñez

2019-06-05T11:26:56+00:00

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