Los beneficios de procrastinar

(Este artículo pretende ser irónico)

LOS BENEFICIOS DE PROCRASTINAR

procrastinar

Mucho se habla últimamente de los peligros de procrastinar; se demoniza a esta tendencia -que todos hacemos de vez en cuando- de dejar las cosas importantes para última hora, mientras nos distraemos con otras que no son prioritarias.

Ya sabemos que es una forma inconsciente de auto-sabotaje… Pero si tanto lo hacemos, ¿quizás sea porque trae alguna que otra ventaja suculenta, no crees?

 

 

Formas de procrastinar

Podríamos decir que básicamente hay dos maneras de procrastinar: vagueando u ocupándote de otras tareas que no son urgentes en este momento.

En ambos casos se produce una mala organización y una pérdida de tiempo (si lo valoramos bajo el punto de vista de que tenías un objetivo que cumplir y no te estás centrando en ello).

 

Lo que procrastinamos

La meta que queremos alcanzar y que tanto procrastinamos puede ser un objetivo a largo plazo (por ejemplo: estudiar para un examen, hacer una tesis, planificar un negocio, preparar una conferencia para exponer en público,…) o también tareas puntuales (como limpiar la cocina, ir al gimnasio, llamar a la compañía de teléfono para que nos solucionen una incidencia,…) En general, cualquier actividad que nos produzca incomodidad y ganas de salir corriendo a hacer cualquier otra cosa.

 

Cómo lo procrastinamos

Por su parte, las conductas distractorias que nos ayudan a procrastinar pueden ser duraderas o intermitentes.

Así por ejemplo, puede que te vayas toda la tarde con tus amigos al cine para huir de la jornada de estudio.

O quizás vayas a la cocina continuamente a picotear, aunque vuelvas a sentarte en el escritorio con la intención de seguir trabajando. En este caso son interrupciones puntuales, pero tu concentración se va al garete igualmente.

 

VAGUEAR

En el caso de holgazanear y dedicarte al ocio, recibes un montón de ventajas.

Por ejemplo, mientras ves pelis o series en Netflix relajadito en el sofá, descansas, desconectas, pasas un buen rato, recargas pilas, disfrutas (si de verdad logras hacerlo sin culpa). Encima te culturizas, ves cosas interesantes  y consigues temas de conversación para hablar con los demás.

Además, te mantienes anestesiado y distraído, así evitas pensar en las consecuencias negativas de dejar de lado tus objetivos, y en lo mal que te sientes contigo mismo por perder el tiempo.

Y por si fuera poco, es mucho más cómodo y divertido que estar “dando el callo”. Porque ahí tirado frente la pantalla, con tus palomitas y tu refresco, no hay ningún miedo incómodo que te haga revolverte por dentro.

Otra forma típica de procrastinar es pasarte el día en las redes sociales, huyendo emocionalmente de tu vida, y controlando lo que hacen los demás con la suya. Pero oye, ¡qué monos son los vídeos de gatitos! ¡Cuánta inspiración hay en pinterest! ¡Y qué vidas idílicas se ven en instagram! (siempre que no te dé por compararte y sentirte como una mier**, claro)

 

MANTENERTE OCUPADO

También procrastinas al hacer otras tareas que -aunque sean necesarias y productivas- no son lo que tienes que estar haciendo ahora mismo.

Lo bueno que tienen es que, como te mantienen muy ocupado y ves buenos resultados (como un armario ordenado, una colada hecha, un email contestado,…) crees que no es un problema, ¡así que te ahorras sentirte mal por no estar priorizando u organizándote bien!

Además al llegar la noche puedes decir orgulloso “¡Uuuf qué cansado estoy, es que no he parado en todo el día eh!”. Incluso darte algún que otro caprichito, porque te lo mereces, que eres un currante.

 

PROCRASTINACIÓN OCULTA

Pero ojo, que ahí no acaba el repertorio de conductas auto-saboteadoras. Hay otras más difíciles de ver, y más peligrosas aún si cabe:

  • El multitasking (hacer muchas otras cosas a la vez, yendo “como pollo sin cabeza”): puede ser una forma de procrastinar y de tener una mala gestión del tiempo -aunque sientas que trabajas y que abarcas mucho- si el saltar de una tarea a otra hace que no te centres totalmente en lo que tienes que hacer.

 

  • El exceso de perfeccionismo: cuando le das demasiadas vueltas a los asuntos, te quedas en bucle, no avanzas. Pero tú te quedas tranquilo, porque como sí estás trabajando en lo que debes, y encima cuidas y revisas hasta el más mínimo detalle…

 

  • Formarte en exceso, hacer miles de cursos sin necesidad, con la intención de sentirte muy preparado y seguro antes de “tirarte a la piscina” o hacer la tarea que estás procrastinando. Crees que así lo tendrás todo bajo control, que evitarás el síndrome del impostor, que te puedan criticar y que cometas errores. ¡Esta forma de procrastinar o auto-sabotaje oculto es muy típico en emprendedores!

 

  • Ayudar a todo el mundo y dejar lo tuyo para lo último: hace que te sientas super buena persona, que los demás te valoren y te quieran. ¡Pero ojo con cómo reaccionas cuando ves que lo tuyo ha quedado hecho una chapuza, porque no te ha dado tiempo a terminarlo, mientras lo de los demás está perfecto gracias a tu ayuda…!

 

  • Otra forma oculta de procrastinar es la búsqueda inconsciente de dramatismo. Por ejemplo, estás en medio de un proyecto importante que debes lanzar, pero te empeñas en sabotearte buscando bronca con todo el mundo (o con alguien en concreto). Ni te has dado cuenta de ello, pero gracias a tus pensamientos negativos (antes, durante y después del conflicto), has sido incapaz de concentrarte en nada que no fueran tus sentimientos y tu enfado. ¡Ding! Excusa perfecta para no centrarte en el proyecto que tanto miedo te da, porque “¡es que has estado muy triste y preocupada estos días!”

 

VENTAJAS GENERALES

El mayor beneficio de procrastinar es que gracias a ello evitas enfrentar tus miedos.

Porque si te centraras en terminar la tarea principal, eso te comprometería. Tanto al posible fracaso, como al posible éxito.

Por ejemplo, si envías tu currículum a esa empresa que ofrece trabajo, podría suceder que los de Recursos Humanos ni te contesten; o que te den una patada voladora directa a tu ego, diciéndote que no cumples sus expectativas.

¡O peor aún! Podrían llamarte y decirte que eres el candidato ideal que estaban buscando. Y claro, ya te verías obligado a ir a la entrevista de trabajo (con los nervios que eso te da), esperar a que te digan si te contratan… y luego tener que adaptarte a un trabajo y a unos compañeros nuevos, a una forma distinta de hacer las cosas,… e invertir esfuerzo para levantarte cada día, ir hasta la oficina, tratar de encajar, caer bien a los jefes, hacer bien tu trabajo cada día, ir a reuniones, viajar,… ¡mucha tela!

Todavía ni te has sentado a redactar el email de solicitud para la empresa… pero visto lo visto (o imaginado lo imaginado), casi que te apetece más quedarte chapoteando en tu propio fango de autocompasión, en el que puedes seguir siendo “el pobrecito” (porque hay crisis y está todo fatal), sin que sea responsabilidad tuya.

Así te quedas en lo conocido, en tu zona de confort, que al menos ya la controlas y es menos lío. Aunque eso signifique tener que conformarte con tu actual empleo en el que te sientes explotado.

 

MÁS BENEFICIOS

A menudo, cuando procrastinas pasas de puntillas sobre las cosas y te evitas profundizar en los asuntos.

Veámoslo con un ejemplo:

Imagina que te apasiona la nutrición. Te apuntas a los mejores estudios que dan en tu ciudad y te compras varios libros de los mayores gurús (así te crees comprometido a tope con tu meta; tú quieres lo mejor de lo mejor).

Empiezas el primer curso con mucha ilusión, sientes que vas avanzando y aprendiendo rápido.

Pero llega un momento (cuando ya estás medio satisfecho con tu nivel de conocimientos; lo suficiente como para sentir que has amortizado la inversión que hiciste en cursos y libros) en el que de pronto, no tienes tiempo para estudiar o hacer los deberes en casa. No encuentras el momento de leerte los manuales, vas dejando de lado tu pasión por la nutrición… hasta que encuentras un interés nuevo al que le vuelves a dedicar toda tu atención y ganas.

¿Qué ha pasado ahí?

Pues que gracias a sus estrategias inconscientes, tu cerebro te ha mantenido a salvo y protegido una vez más.

Ten en cuenta que para convertirse en un experto, hay que dedicarle mucho esfuerzo y horas a estudiar… Los especialistas normalmente se dedican a su pasión, se comprometen con ello y montan su propio negocio, cueste lo que cueste. La gente confía en los expertos, se ponen en sus manos, es una gran responsabilidad. Y si cometen errores, tienen que responder por ellos. Además, cuando eres bueno en algo, destacas por encima de los demás. Puede que haya gente que te envidie, te critique y hasta quiera apagar tu luz, para que vuelvas con ellos a la mediocridad, donde no les moleste tu brillo. Y encima, cuando demuestras que algo se te da bien, es fácil que las personas cercanas te pidan favores o te cuelguen “marrones”.

¡Fíjate qué majo tu cerebro, todo el lío que te ha ahorrado!

¡Pero aún hay más! Si bloqueas tu desarrollo y no profundizas, evitarás tener que enfrentarte al miedo de que quizás no seas tan bueno en esta disciplina como creías.

Y además nadie pondrá a prueba tus conocimientos, porque siempre serás el eterno estudiante / principiante. No tendrás demasiadas expectativas ajenas (ni propias) que cumplir.

 

CONCLUSIÓN 

Como habrás notado, este artículo es irónico y gamberrete.

Lo que busco es remover tu conciencia y que te des cuenta de que tu tiempo es lo más valioso que tienes. Es el único recurso que no volverá. Así que es importante evaluar en qué lo estás invirtiendo en cada momento.

Es totalmente normal que tengas miedos e inseguridades (¿y quién no las tiene?) Pero lo suyo es que las reconozcas, las aceptes y trabajes por controlarlas, en lugar de abandonarte y huir.

Creo que es importante organizarse bien y hacer de todo, pero en el momento oportuno.

Es bueno trabajar y centrarse. Es bueno organizar el armario y limpiar la cocina. Es bueno tirarse en sofá y ver la tele. Pero cada cosa en su punto justo y cuando corresponde.

Y sobre todo, sin culpabilidad. Eligiendo libre y responsablemente lo que hacemos en cada momento. Incluso aunque estés viendo Netflix cuando deberías estar estudiando para esa oposición. Si lo haces disfrutando y con conocimiento de causa, utilizándolo como estrategia para recargar pilas y disfrutar, perfecto. ¡Pero fuera remordimientos y culpas que sólo alimentan el círculo vicioso!

Espero que este artículo te ayude a ponderar si merece la pena todo lo que sacrificas y dejas de ganar cuando procrastinas. Y que si decidas hacerlo, sea de forma libre y consciente.

Un abrazo, ¡que tengas un feliz día!

Autora: Ainoa Espejo Álvarez

Web: https://aihopcoaching.com/

2019-07-10T13:47:08+00:00

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