comunicarDomingo por la tarde. Invierno, día frío y lluvioso. La parejita está mirando pelis y series en la tele, mientras comen palomitas de maíz recién preparadas por él. Tarde ideal.
Al término de un capítulo, ella dice “Tengo frío”, a lo que él, cariñoso, responde abrazándola contra su costado.

Pasados unos instantes, ella, seria, le dice, “te dije que enciendas la calefacción”. Él la mira extrañado y responde, un poco molesto, “me dijiste que tenías frío”.

Entonces ella ya enojada, le dice que él debería suponer que si tiene frío y no está encendida la calefacción, es que le está pidiendo encenderla. Se origina una discusión con varios reproches, donde ambos defienden su ego, una quejándose de que él no la escucha cuando pide algo y el otro argumentando que ella “nunca dice las cosas, que siempre él debe suponer todo”. ¡Pobre tarde ideal de domingo!

¿Alguien que lea este artículo, siente que alguna vez le sucedió algo parecido?

“Es imposible no comunicar”, dice el primer axioma de la comunicación. De modo que debemos tener en cuenta que, constantemente estamos relacionándonos con el mundo desde la corporalidad, el lenguaje y la emocionalidad.

Y la mayor parte de los problemas entre las personas, los grupos, las instituciones y hasta las diferentes sociedades, se generan en comunicaciones fallidas.

No intento entrar en los grandes temas comunicacionales. Solamente creo el contexto, para reflexionar sobre la historia que antes conté.

En una discusión, llevamos el foco a una batalla por el “Yo tengo razón y tú no”. No buscamos más que satisfacer nuestro narcicismo herido.

La batalla del “yo tengo razón”, no tiene vencedores y sí tiene heridos y a veces, hasta muertos, dicho esto en sentido metafórico.

Es que comunicar no es sencillo, no obstante lo cual, es posible tener en cuenta algunas cosas, para hacerlo en forma eficaz.

Se trata de decir aquello que queremos, necesitamos, esperamos del otro en forma adecuada.

¿Cómo pedir de forma adecuada?, pues pidiendo…

En el caso que comienza esta nota, toda hubiera seguido de forma ideal si ella, simplemente, decía “tengo frío, ¿podrías encender la calefacción?”. Y también si él, chequeara la comunicación, diciendo, por ejemplo, ”¿quieres que encienda la calefacción?”.

Comunicar de forma sana consiste en decir exactamente qué es aquello que deseamos transmitir y también chequear lo que escuchamos, aún cuando no se haya dicho con palabras.

Pongan en práctica este sencillo ejercicio y podrán tener mejores relaciones con los demás, simplemente, pidiendo y escuchando adecuadamente. Nos leemos.

Autor: Jorge Francisco Mosca

Web: JFM COACHING TRANSPERSONAL PARA CAMBIAR