Cómo entrenar tu mente para programar tus emociones y tu cuerpo con eficacia

Seguramente los viernes tu cuerpo se activa por la mañana y te levantas pensando algo así como: “¡Bien! ¡Por fin es viernes! venga, tú puedes, un último esfuerzo y llega el finde para descansar, divertirse, etc”. En caso de que sí, es muy probable que te haya resultado algo más fácil afrontar ese duro momento de incorporarte de la cama y prepararte para ir a trabajar, estudiar o cualquier otra tarea que tuvieras que hacer.

 

Puede que, por el contrario, al escuchar el despertador tu pensamiento ha sido: “Uf, qué mal… tengo un cansancio después de estar madrugando toda la semana no me apetece nada tirarme de la cama… Y, encima, el lunes examen; entreno por la tarde; este finde tengo partido; reunión en el trabajo, comida familiar; etc … ¡vaya rollo! ¡qué pereza me está entrando!”.

En este artículo aportaré algunas claves para una mejor comprensión y uso de ese valioso ordenador que tenemos en la cabeza, que es la mente, en aras de activar la otra gran herramienta de la que disponemos, nuestro cuerpo, para poner a este último en marcha cada día, incluso cuando no nos apetezca ni movernos. Aunque el eje central en el que se articula este blog es el deporte, verás que esto se puede hacer extensible a cualquier otro ámbito en el que te muevas.

¿Cómo crees que reacciona tu cerebro en cada situación?

Los mensajes que enviamos a nuestro cerebro tienen un impacto sobre este, que a su vez se transmite al cuerpo, en forma de impulsos nerviosos. El cuerpo tan solo reacciona ante los estímulos y órdenes que le dicta el cerebro. Los impulsos nerviosos harán a su vez que el cuerpo reaccione de una forma u otra, en función del tipo de mensaje que le hayamos enviado al cerebro. Es decir, si el mensaje que le enviamos a nuestro cerebro es positivo, lo estamos programando para que le proporcione energía a nuestro cuerpo en forma de dopamina.

La dopamina es un neurotransmisor encargado, entre otras cosas, de aumentar la frecuencia y presión cardíaca, regular el humor, la atención y la motivación, lo cual hace que repitamos conductas que nos producen placer. La dopamina se libera tanto con estímulos que nos parecen agradables como con los desagradables, haciendo que queramos conseguir más o que lo evitemos en función de si percibimos el resultado como agradable o desagradable.

Volviendo al ejemplo del principio, el sonido del despertador no tiene porqué ser agradable de por sí. No obstante, si educamos a nuestro cerebro a relacionar dicho sonido con factores positivos (como demostró Pavlov con su teoría del condicionamiento clásico), tales como el regalo de tener un nuevo día por delante, la cercanía del finde, las ganas de hacer todo lo posible por aprovechar nuevas oportunidades y vencer las adversidades que surjan, etc, nuestro cerebro segregará dopamina, por lo que nuestra actitud y nivel de energía hará que nos sintamos felices y motivados para afrontar el día a tope de ganas.

Quizá te ayude ponerte un tono en el despertador que, de por sí, te motive. En mi caso, es una canción de la peli de Rocky, que mi mente relaciona con el duro entrenamiento que llevaba a cabo el protagonista en pos de batir a sus rivales en el ring.

La realidad es que muchas veces no elegimos las circunstancias ni las podemos cambiar. En cambio, sí podemos elegir la actitud que adoptamos ante las mismas y las acciones que llevamos a cabo, a pesar de dichas circunstancias.

Por tanto, tú decides si vas a la gasolinera a echar gasolina a tu coche cuando te quedas en reserva o si, por el contrario, prefieres sentarte a esperar a que suceda un milagro y se suspenda tu reunión, tu cita, tu examen o la competición a la querías asistir.

¿Cómo puedo regular mi nivel de dopamina cuando lo necesite?

Partimos de la base de que esto no es fácil. Ojalá tuviéramos un botón en el que pone “dopamina” y pudiéramos elegir la dosis exacta cuando queramos, como quien va al Burger y elige un menú pequeño, mediano o grande.

Lo que sí podemos hacer es, entre otras cosas, llevar a cabo una serie de acciones y pensamientos que requieren un entrenamiento diario. Así, instauraremos hábitos mentales saludables que nos ayuden, tanto si somos deportistas y competimos, como si no lo hacemos. A continuación os indico algunos ejemplos:

Alimentación

Hay un aminoácido en nuestro organismo que se encarga de producir dopamina: la tirosina. Puedes obtenerlo comiendo los siguientes alimentos y bebidas: almendras, aguacate, plátano, chocolate (puro), té verde, sandía, etc.

Cuando notes que las fuerzas te fallan durante una competición, el plátano puede ser un buen aliado para recuperar energía. Además, si llevas una alimentación sana, equilibrada y evitas los alimentos y bebidas poco saludables, como la bollería industrial, las bebidas carbonatadas o aquellos con alto nivel de grasas saturadas, tu mente y tu cuerpo responderán mejor cuando compitas, así como en tu día a día. Un ejemplo en este sentido es el tenista helvético Roger Federer. Una de las claves de que el gran campeón suizo se mantenga en la élite del tenis con 38 años es la alimentación.

Desarrollar una actitud de optimismo

Si, por ejemplo, estás en medio de un partido de tenis y cometes un error, lo cual es más que frecuente en un deporte de errores como es el tenis, tú eliges si castigarte a ti mismo o si ver el error como una oportunidad de aprendizaje.

Es decir, en lugar de tener un diálogo interior crítico y duro contigo mismo (“¡qué porquería de revés”!), prueba a detectar aquello que puedes mejorar de cara al futuro (“he pegado la bola demasiado cerca del cuerpo, la próxima vez me alejaré un poco más de ella antes de golpearla”). Visualízate realizando el ajuste necesario para mejorar y haz un reset mental, poniendo el foco en el siguiente punto.

Como esto tampoco es sencillo de primeras, puedes empezar simplemente por observar tus reacciones, pensamientos y diálogo interior cada vez que fallas. Toma consciencia antes de actuar, pues antes de buscar soluciones hay que detectar qué es lo que no está funcionando como queremos. Recuerda, un diálogo constructivo contigo mismo, conectado a un estímulo agradable (imagen de un lugar o persona que nos transmite calma y bienestar) también puede ayudarte a segregar dopamina.

Música

Existen varios estudios de neurociencia contemporánea que demuestran una correlación directa entre la música y la dopamina. Y es que, escuchar música que nos gusta hace que nuestro cerebro produzca dopamina pura casi de manera instantánea. Elige el tipo de música que te apetezca escuchar en función de la situación. Por ejemplo, si vas a competir en breve y tu nivel de nervios se dispara, escucha canciones que te transmitan calma. Si, por el contrario, necesitas activación, busca algún tema que te motive y que te haga moverte. Por ejemplo, Usain Bolt encargó al DJ Steve Porter que le diseñara el tema “más rápido que un rayo” para escucharlo antes de sus carreras
Bien, hasta aquí el artículo de hoy. Como siempre, espero que os haya gustado y que os sirva.

Que tengáis un gran día, aunque recordad que eso, amig@s mí@s, ¡depende en gran parte de vosotr@s!

Autor: Luis Marty

Web: https://www.luismarty.com/