Cuando las cosas no funcionan o no obtenemos los resultados deseados la confianza se esfuma, desaparece. Si todo sale bien y los demás se comportan como esperamos entonces sentimos confianza.
¿Puedes darte cuenta de que en muchas ocasiones tienes tendencia a depositar tu confianza en el exterior? no debería ser así, esto es un error.
Imagina el siguiente escenario: ante una entrevista de trabajo, una persona sin experiencia y apenas formación, se presenta como candidato al puesto. ¿Qué sucederá si va a la entrevista sintiéndose inseguro y temeroso por su falta de experiencia? La respuesta es evidente.
Sin embargo, ante la misma situación, otra persona también sin experiencia, pero con confianza en sí misma, se presentará diciendo: “No tengo experiencia, pero aprendo rápido y tengo capacidad”. Esta segunda persona tiene muchas más posibilidades de que le contraten. ¿Podemos estar de acuerdo con esto?
Otros ejemplos: cuando te gusta una persona y no sabes si tú le gustarás se dispara la desconfianza en ti, pero en el momento que te enteras que le gustas, automáticamente aumenta tu confianza. Cuando apruebas o suspendes un examen. Cuando tienes poco dinero o, no tienes. Cuando alguien te insulta o te halaga. Cuando te miras al espejo y te gusta o te disgusta lo que ves.
Contempla cuan susceptibles somos y cuanto poder estamos dando al exterior. No son las cosas, personas o resultados obtenidos. Es como gestionamos nuestros estados internos. Por supuesto, si tenemos dominio de una materia esto nos hace sentirnos más seguros en ello, pero sólo en ello. Porque, aun así, ¿puedes darte cuenta de cómo te sientes seguro para unas cosas y como detona en ti la inseguridad para otras? ¿puedes entender la posibilidad de sentirte seguro aun cuando no conozcas o no domines algo?
Me gusta definir la confianza como un estado interno de tranquilidad ante la expectativa sobre uno mismo y las propias capacidades, comportamientos y reacciones.
La clave está en el uso de nuestro cuerpo y mente para permanecer en ese estado aún cuando las cosas se compliquen, no sucedan como esperamos, surjan problemas, no sepamos como hacer algo, o los demás no actúen como esperamos o deseamos.
Lo que te propongo consiste en adoptar estas cinco actitudes fundamentales para desarrollar la confianza, por que sí. Sin más, sin un motivo, sin una razón. Confianza en ti mismo.
1. Cuida tu postura
2. Respira…
3. Sonríe
4. Pon foco
5. Toma tu responsabilidad

CUIDA TU POSTURA: Existe una relación inequívoca entre cuerpo y mente. Cuando nos sentimos mal o experimentamos emociones desagradables nuestro cuerpo reacciona adaptándose a este estado. Probablemente haya tendencia a manifestar esta actitud: cabeza agachada, mirada baja, espalda encorvada hacia delante, hombros caídos, abdomen comprimido, tensión muscular, etc. lo cual hace que vaya empeorando el estado.
Te invito a probarlo. Piensa a continuación en algo que no te gusta nada. Comprueba como te sientes y como está tu cuerpo. Tal vez sientes pesadez, tu respiración más dificultosa, paralización, desgana, etc. Piensa ahora en algo que te agrada mucho y te hace muy feliz. Involúcrate realmente con este recuerdo. Comprueba de nuevo tu respiración, sensaciones, quizá te sientas más ligero, como vibrando, con más ganas, energía, por ejemplo.
Podemos hacerlo a la inversa, cambiando nuestro cuerpo, influimos en los pensamientos y estados internos.
¿Has visto alguna vez a una persona segura mirando al suelo y con el cuerpo encorvado? ¿Cuál es su actitud corporal?

§ Mirada hacia arriba
§ Espalda derecha
Cuando tus ojos se mueven de la línea del horizonte visual hacia arriba evitas introducirte en ese estado de inseguridad generado por la negatividad de tu propio diálogo interno y emociones. La sabiduría popular lo sabe, cuando un niño se hace daño y está llorando, le decimos: “mira el avión” sin saberlo estamos haciendo esto.

RESPIRA: Cuando respiramos tomamos vida. El aire que penetra en nosotros cargado de oxígeno alimenta nuestras células, especialmente las neuronas. Podemos permanecer semanas sin comer. Sin beber y sin dormir sólo unos pocos días. Pero sin respirar, apenas unos minutos.
No es cierto que no estemos respirando. Habríamos muerto. Pero respirar consciente es otra cosa. Cuando observamos la respiración, inmediatamente la atención se vuelve hacia nosotros. Es la forma más rápida y directa de conectarse con uno mismo, esto hace que estemos más conscientes y podamos gestionar mejor las emociones y comportamientos.
Practica cada día la respiración consciente.

§ Realiza este ejercicio: sentado en un lugar donde nadie te interrumpa. Cierras los ojos y focaliza tu atención al vientre y te repites “estoy consciente de que estoy respirando” unos instantes, y luego “estoy consciente de que estoy consciente” permanece durante unos 5 minutos.

SONRÍE: Al sonreír le estamos diciendo al cerebro que todo está bien. Pruébalo. Aunque no te apetezca, aunque no tengas ganas. Sonríe. Al principio sentirás que tu sonrisa es forzada, pero en la medida que te das permiso para hacerlo esta puede fluir más fácilmente. En realidad, en la vida hay problemas y hay sufrimiento, no lo vamos a negar. Algunos problemas tienen solución y otros no. Y en ocasiones no sabemos cómo aliviar nuestro sufrimiento, necesitamos aprender. Sin embargo, más allá de nosotros, la vida continua. Lo que de algún modo quiere decir que todo está bien y sigue su orden. Depende de nuestra capacidad para aceptar y gestionar nuestras emociones, pero este es otro tema que requeriría extendernos mucho más.

PON FOCO: Cuando prestamos atención y ponemos nuestra mente en algo de forma consciente sin darnos cuenta, podemos estar contribuyendo a que se transforme. La atención es como una lupa de aumento. Lo que atendemos con nuestra consciencia tiene mayor posibilidad de desarrollarse y crecer. Todo aquello de lo que no somos conscientes no existe para nosotros.
Como cuando estamos tumbados en la cama o el sofá a punto de dormir y justo en ese momento entre el sueño y la vigilia, un mosquito ronda tu oído. ¿Cómo un ser tan diminuto y aparentemente silencioso, puede tener el poder de alterarte al punto de tener que salir de la cama completamente desvelado y enfadado? Se lo das tú con tu atención.
§ Pon toda tu mente y atención a lo que estés haciendo. Canaliza tus sentidos: viendo, oyendo y sintiendo. Pon tu voluntad en dirigir tu atención hacia fuera. Este ejercicio, además, te ayudará a silenciar el exceso de diálogo contigo mismo.

TOMA TU RESPONSABILIDAD: Cuando proyectamos las emociones culpamos a los demás o las circunstancias. De esta forma, sentimos que perdemos poder, que hasta que las cosas no resulten o los demás no actúen como esperamos no nos sentiremos bien. Dejar de proyectar nos permite hacernos cargo de lo que sentimos y de como actuamos.
Puede que no sepamos como hacer algo o no tengamos competencia, que las cosas realmente estén mal o el comportamiento de los demás sea inadecuado. No vamos a entrar ahora a juzgar nada. Lo que sentimos en esas situaciones, las emociones que todo ello detona en nosotros nos pertenecen sólo y únicamente a nosotros. Y ya que somos los dueños, podemos hacer algo al respecto para dejar de sentirnos así.
Para ello vamos a:

§ Tomar cierta distancia adoptando una posición de observador y contemplar la situación y comportamiento de la otra persona con objetividad.
§ Evitar caer en el drama y victimismo
Drama es darle efectos especiales a la situación con tu mente, agrandándola. Observa y presta atención a cuando lo haces.

Como dijo Ernest Hemingway… “La mejor manera de saber si puedes confiar en alguien es confiando” Así que, prueba a confiar en ti.

¡gracias por leerme!

 

Autor: María Alcázar – PNL Coach – Entrenadora Integración Emocional – Directora Instituto español PNL