Un viaje en la montaña rusa

De vez en cuando llega un día sin cuestas, sin curvas, sin piedras en el camino. Contemplas el paisaje, miras al horizonte, respiras profundo y coges fuerzas para la temida caída al precipicio. Sabes que esos buenos momentos duran poco y hay que disfrutarlos, todo puede cambiar cuando menos te lo esperas, sin darte cuenta, sin saber por qué.

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Desde muy pequeño Víctor empezó a mostrar comportamientos distintos al resto de los niños, abría y cerraba las puertas sin parar, memorizaba matrículas de coches, números de teléfono, relacionaba a las personas con el número del portal en el que vivían, cuando ibas al parque pasaba por todos los corrillos de niños, pero no permanecía demasiado tiempo en ninguno, si estabas en una terraza tomando algo él se metía dentro del bar, si estabas en el bar él se salía a la terraza.

En casa pasaba igual, sobre todo si había visita, si estábamos en el salón él se iba a la cocina, si ibas a la cocina él se iba al salón. Salíamos a dar un paseo y tenía que ir viendo los números de los portales, no podías saltarte ninguno porque había que verlos y decirlos en orden, si al salir de casa había visto los pares, al regreso tenía que ir viendo los impares De camino al colegio todos los días había que hacer el mismo recorrido, no se podía ir por una calle distinta o cruzar por otro sitio. Igual pasaba si íbamos a casa de los abuelos o de alguien conocido. Al menor cambio teníamos rabieta.

Aprendió a contar hacia adelante y hacia atrás mirando el microondas, aprendió a leer solo, memorizaba anuncios, escenas de películas, si viendo una película algo le llamaba la atención, lo veía una y otra vez, podía estar horas así.

Otra cosa que le dejaba pasmado eran los relojes, si veía uno interesante se podía pasar el día entero colgado del brazo de quien lo llevase puesto.

En el colegio tuvimos muchos problemas desde el principio, no lo entendían, para ellos era un niño consentido y mal criado, sin normas que respetar, contestón y desobediente. Para ellos era un problema que venía de casa, que no teníamos autoridad sobre él y que le consentíamos demasiado. Aún cuando ya estaba diagnosticado con Síndrome de Asperger seguían sin terminar de creérselo. No hemos tenido demasiada colaboración. Ha habido algún profesor que le ha puesto ganas y ha sabido llevarle pero han sido los menos. A todo esto se le suma el cambio del equipo de orientación prácticamente cada año, esto no ayuda en absoluto.

Víctor es consciente de lo que tiene, le costó mucho asumirlo, él sabía que algo pasaba, que no era como los demás y hubo que contárselo cuando tenía unos 10 años. Alicia hizo una labor magnífica, le preparó unos cuadernillos en los que lo explicaba a la perfección. Fue duro para él, no lo aceptaba, solo veía la parte mala, la mala relación con los demás, las obsesiones, las frustraciones. Se puso a investigar por su cuenta que era eso tan raro que le habían dicho que tenía, ese nombre tan raro no le gustaba nada. Pero vio algo que le motivó y le ayudó a aceptarlo, las personas con Síndrome de Asperger están muy cualificadas en todo lo relacionado con la tecnología, la programación de ordenadores es su pasión y a lo que quiere dedicarse. A partir de ahí empezó a verlo de otra manera, ya no era todo tan malo como pensaba, había algo que le gustaba.

Tenemos que agradecer a todas las terapeutas de APANAG la magnífica labor que hacen, las que estuvieron y las que están ahora, se vuelcan con los niños, con los padres, con los hermanos….. Todos las tenemos un cariño muy especial. Gracias chicas por escucharnos, por apoyarnos, por estar ahí siempre, sin vosotras no habríamos conseguido avanzar, seguir para adelante, no tirar la toalla.

Pronto entraremos en una nueva etapa, el instituto, lleno de incógnitas, de nuevos retos, de nervios…… pero no importa seguiremos viajando en la montaña rusa, nos pondremos el cinturón de seguridad al sentarnos, se nos hará un nudo en el estomago cuando caigamos al precipicio, nos reiremos cuando nos salpique el agua, y caminaremos tranquilos cuando nos bajemos, recordando los buenos y los malos momentos y cuando pase el tiempo, y la echemos de menos, sacaremos otro ticket y nos montaremos de nuevo a esta “NUESTRA MONTAÑA RUSA”.

Fuente: APANAG

2017-05-25T10:50:15+00:00

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