Secretos del vestuario

Ser coach deportivo es un trabajo gratificante, porque los resultados llegan y se reflejan en un marcador, normalmente justo.

Equipo motivado

En ocasiones nuestra implicación emocional es inevitable cuando te topas con un grupo de personas que derrochan coraje y pasión, y que están deseando encontrar la fórmula mágica para alcanzar la victoria. Pero sabemos que no importa lo que nosotros veamos en cada uno de los miembros del equipo, pues las cosas solo funcionan cuando son ellos mismos los que toman conciencia, descubren sus fortalezas y deciden efectuar ese pequeño cambio que los hace mejores. Son muchas las virtudes que se encierran dentro de un vestuario, y contar con todas ellas es una suerte, sólo hay que saber ordenarlas, y saltar al campo confiados en que pueden vencer por el mero hecho de creer en ellos mismos. Algunos tardan un tiempo en ver que el reflejo en el espejo es mucho más grande de lo que han sido capaces de ver hasta entonces.

Un equipo se forma en el vestuario. Es ahí donde se encierran los egos, las virtudes y los defectos de cada jugador. Es importante la fuerza mental a la hora de practicar o competir en cualquier deporte, pero sólo con cabeza no se ganan partidos. La pasión, el entrenamiento y la perseverancia son las claves para alcanzar la victoria. Uno de los tantos retos que aparecen a la hora de competir, es sobrevivir a los momentos de impotencia que sienten tanto el jugador como el equipo, cuando a pesar de hacer las cosas bien, el resultado se niega a darles la victoria. Rendirse es el camino más fácil, e incluso se puede entender como lógico. Pero es importante entender que no nació equipo ganador ni jugador excelente, pues en ambos casos fueron el trabajo y la ilusión lo que los llevó paso a paso hasta la victoria.

El rival fuerte aparece en los momentos de debilidad, para demostrar que pueden ganar aunque no sean mejores, y en ocasiones la única diferencia es que ellos pueden porque creen que pueden, y saltan al campo con esa actitud.

Es responsabilidad de cada uno saber qué es lo que puede aportar al equipo, y entender que todos tienen un papel esencial, sólo así, aportando lo mejor para el bien común, se alcanza la unión que conducirá a la victoria. Hemos de felicitar y obviar los errores puntuales cuando el grupo haya demostrado estar a la altura, pues en la felicitación puede estar la razón para no sentirse derrotado a pesar de haber perdido. La grandeza de un equipo se mide por cómo se levanta tras las caídas, aprendiendo de los errores cometidos, o por cómo le planta cara a la visita que el desánimo hace en los momentos menos adecuados. Parece que el destino tiene en el punto de mira a algunos, y les pone más trabas que al resto, pero si hay una razón que justifique ésto no es otra que el hecho de que “las batallas más difíciles se reservan para los mejores guerreros” Papa Francisco I.

Es la pregunta adecuada la que en ocasiones nos lleva hasta la respuesta que nos dará la solución, y cuando se acaba creyendo que se han hecho bien las cosas, las únicas preguntas que hay que hacerse es: ¿en qué hemos fallado?, ¿qué puedo hacer yo para que no vuelva a ocurrirnos esto?.

 

2017-05-25T10:52:52+00:00

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