Una historia de superación

superacionHola, me llamo Almudena y tengo una preciosa familia.

Mi historia es un camino repleto de momentos que hay que saber apreciar.

Tengo 35 años y hoy puedo decir que soy muy feliz, rodeada de toda mi familia y mis grandes amigos.

Hace 9 años, un 10 de Mayo del 2003 decidí casarme con Toñín, además de mi pareja, una persona maravillosa.

En un par de años decidimos aumentar nuestra familia y rápidamente me quede embarazada pero tuve mala suerte, y a los 4 meses de gestación perdí al niño.

Con un dolor terrible por lo que me había sucedido, no encontraba consuelo en nada. Pero gracias a mis padres, hermanas, la familia de mi marido y mis grandes amigas conseguí seguir mi camino, con mi trabajo y mi vida.

En unos meses, nos quedamos otra vez “embarazados”. Y el 3 de Agosto de 2005, vino mi gran tesoro, ABEL. Abel era un niño sano aparentemente y fue mi gran alegría.

Cuando Abel tenía un año, en la guardería me dijeron que lo notaban “raro”. A partir de este momento comenzó para nosotros un largo camino.

Primero pensaban que era sordo y después, vinieron las apneas del sueño, la hiperactividad y un posible autismo. Yo no sabía qué hacer, me invadió una gran tristeza y sobre todo una gran preocupación, incluso pregunté a mi madre que si se había caído, buscando explicaciones a lo que estaba pasando, “no me podía creer lo que estaba ocurriendo”.

Pero estaba ahí y era real. Durante un tiempo no supe reaccionar. Lo pase muy mal. Fue horrible y luego la pregunta: ¿Qué hago? ¿Cómo puedo ayudarle?

Hundida sin saber qué hacer y viendo como por mi pesar sufría todo el mundo (mis padres no sabían qué hacer, su hija no tenía consuelo y ellos no sabían cómo ayudarla). Por otro lado, yo veía cómo los demás no sabían qué decir y qué hacer, para animarme y, sobre todo ¿cómo hacer que volviera esa persona alegre y con ganas de vivir?

Empezamos las terapias en un centro privado de la ciudad y el Centro Base. Abel tenía 2 años y todos nos decían que podía mejorar y que la llegada de un hermano le vendría muy bien. Decidimos tener otro hijo; una decisión muy acertada.Y llego Mario, mi otro gran tesoro. Un niño sano lleno de energía y con ganas de luchar conmigo, mi gran apoyo.

Pero mi camino siguió y empezaron los cambios. Me aterrorizaban los cambios; todo cambio es un volver a empezar de nuevo y es muy difícil.

El primer cambio, el colegio. No quería escolarizarlo. ¿Cómo iba a ir Abel al cole, si todavía usaba pañal, y no era capaz de estar sentado dos minutos? ¿Cómo iba a dejar a mi hijo en un colé con tanta gente?, y si se pierde o se despista, ¿Qué pasa?

Pero una persona en el centro base (no recuerdo su nombre), me abrió los ojos y, si a eso añado los consejos que me dio Alfonso Ortigado, su pediatra, me lancé.

Comencé por el pañal. Compré 20 pantalones y unos 20 calzoncillos y decidí empezar. Tres años y medio hasta que lo conseguí (más o menos).

Luego en el colé tuvimos la suerte de encontrarnos con unas estupendas profesionales, María, Vicen, Belén, Isabel y una en especial, Esther, una persona espectacular. La dedicación, el cariño que le dedicaron tanto en el centro como en casa,…. no tengo palabras para decirla: GRACIAS por todo.

Luego el miedo a la opinión de las otras madres. Miedo porque no todo el mundo lo entiende o no tiene la capacidad de entenderlo. En nuestro caso en concreto, no sólo lo entendieron sino que trataron a Abel como un niño más. Para mí, que no hicieran distinciones y lo trataran como un niño más fue lo más maravilloso. Realmente, nosotros sólo pretendemos eso, que se le trate como a otro niño.

Después de todo el esfuerzo y la lucha para salir adelante con un niño autista, tan especial, y con un bebé, yo me propuse no dar un paso para atrás, ni siquiera para coger impulso, y encontramos un gran apoyo: APANAG.

En APANAG, Ana María dedicó mucho de su esfuerzo y de su tiempo en venir a nuestra casa, para que nosotros la acribilláramos a preguntas, quizá, sin sentido, pero que necesitábamos que alguien nos respondiera y sobre todo buscando una respuesta que nos consolara. Ella lo intentaba y al final, lo consiguió.

Me ayudó a comprender que Abel no es raro, es especial y que él no tiene que entender mi mundo, sino yo el suyo, y así convivir con él, compartiendo muchas cosas. A parte de Ana María, estaban el resto de terapeutas, con las que nos sentimos muy apoyados y arropados, y con Irene, que adora a Abel igual que Abel a ella.

Ahora puedo llenarme la boca diciendo que “Soy feliz”. Todo lo que Abel no me da, me lo aporta Mario, que no para de hablar, que me dice lo que necesito oír: “Mami, te queremos mucho, yo y el chache-bebé”; para mi hijo Mario, su hermano es como un bebé grande, que no habla, pero está aquí, y nos quiere un montón, porque nos mira, nos sonríe y, lo más importante, está con nosotros.

Mi deseo es que todo el mundo lo vea como lo veo yo, como un niño alegre, cariñoso y bueno, que disfruta las cosas, de diferente manera, pero, que le gusta ir al parque, a la piscina, al cole, estar en la peña en las fiestas del pueblo, y a un millón de sitios (de nuestra mano, siempre), estar con mis amigas, esas maravillosas personas, no tengo palabras para decir todo lo que representan en mi vida, y que las quiero, como a mi familia y, a sus hijos que tienen un gran cariño a Abel y lo defienden cuando alguien dice que es tonto, y que con 6 años entienden y contestan que no es tonto, esta malito.

Esto es un camino duro, lleno de obstáculos, pero creo que todo el mundo tiene dificultades en su vida, lo importante es saber afrontarlas, y mejor aun si es con alegría. Al fin y al cabo somos afortunados.

Abel, cada día, nos enseña a ver la vida de una manera especial, como es él.

Creo que tengo suerte, tengo una familia preciosa, por la que tengo que luchar, para conservarla cada día y alimentarla con mi cariño; yo también recibo el cariño que mis hijos me dan.

No quiero terminar esta carta sobre mi (nuestra) historia, sin dar las gracias a Toñín, mi marido, por todo lo que nos quiere, por su apoyo cuando me derrumbo, su dedicación a nuestros hijos,… en fin… por todo, esta carta va dedicada a él por todo el cariño que nos brinda, …….“te queremos”.

Con todo mi cariño, les doy las gracias a todas las personas que nos ayudan cada día y que nos quieren. Mi familia está formada por Toñin, Abel, Mario y Almudena, (la misma que escribe), y por todo aquel que quiera ser parte de ella, os recibiremos con los brazos abiertos, para compartir nuestro mundo especial.

Un beso fuerte y espero que mi historia y mi vivencia, le pueda servir a alguien que como yo, ha tenido que enfrentarse a esta situación.

Fuente: APANAG

2017-05-25T10:45:43+00:00

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