El espejo

El espejo

Me sentaré a escribirte ahora que estás aquí, más presente que nunca. Ahora es cuando debo sentarme aquí para hablarte e intentar entender las razones por las que a veces sales corriendo, huyendo del todo y de la nada. Huyendo sin más. Intentaré que mis letras te ayuden a encontrar ese camino por el que a veces paseas tranquilo, ese camino en el que incluso eres capaz de soñar. Te  confesaré que no eres el único que tiene miedo, no eres el único que está asustado imaginando lo que vendrá mañana. Yo también lo estoy, también tengo miedo, pero es un miedo que puedo controlar, es un temor que nace en el pasado, una vuelta a lo vivido, un regreso a la locura. Pero ahora es el momento de mirar hacia delante, no girarse sin regalar una mirada disimulada al ayer que intentamos esconder. Mañana siempre será mejor, y en mañana encontraremos la vida que soñamos hoy.

Me sentaré a escribirte. Ahora que necesitas mi voz más que nunca y no puedo hablarte, ahora que ni siquiera sabes lo que sientes. Ahora que tu alma vuelve a tambalearse sin razón, ahora que sé que me necesitas de verdad. Y entre los dos conseguiremos que entiendas quién eres, lograremos que creas en ti, y te prometo que conseguiremos que no vuelvas a tener miedo.
No te abandoné ni siquiera un instante, sólo te dejé marchar, dejé que pasearas por el universo que tu imaginación inventaba para que te encontraras, para que supieras quién eres para que quisieras regresar frente a mí y mirarme orgulloso. Y volviste. Sabía que volverías. Ahora que tu mirada tiene las arrugas invisibles que sólo la vida vivida es capaz de regalar, ahora que tu sonrisa se ha dibujado en tu rostro resignado, ahora que pisas fuerte por donde antes paseabas de puntillas, ahora sé que puedo sentarme aquí a hablarte, porque ahora por fin ya sabes quién eres, aunque tu cabeza quiera confundirte sin razón. Y nunca dejaste que la razón guiara tus pasos, no lo hagas ahora. Ahora no.
La primera vez que clavaste tus ojos en mí, supe que no sabías lo que estabas viendo, y tu mirada no era capaz de mirar más allá de lo que tus ojos ven. Pero el tiempo te fue regalando eternos segundos paralizado frente a mí, observando cada gesto de tu cara, aprendiste a verte sin verte, aprendiste a quererte mirándote.
Lo has conseguido, estás cumpliendo tu sueño y yo seguiré estando a tu lado. No seré más que un mero espectador de tu vida que disfruta emocionado de cada despertar que te salude. Pasearás por delante de mi indiferente, como siempre lo has hecho, y si en alguna ocasión
te paras, sabré que lo haces para ver más allá de tu rostro, más allá de tus arrugas, más allá de tus máscaras… y yo, emocionado, sonreiré orgulloso.
Lo has conseguido. Eres lo que siempre soñaste. Y nunca me preguntaste si eras bello, me colgaste en una pared frente a la que apenas te parabas. Pero yo siempre te miraba, y me gustaba verte crecer. Me gusta ver a la persona en la que te has convertido.
Me alegra ver que el miedo no te ganó la batalla.

Laura Riñón Sirera
2017-05-25T10:06:28+00:00

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