Dar Gracias

Sí, es posible. Podemos hacer que el mundo que nos rodea sea mejor. Pero es más fácil tirar balones fuera, culpar a unos u otros de lo que nos ocurre, pero ¿realmente tienen ellos la culpa?, ¿podemos convertir lo negativo en positivo?, ¿es tan difícil como creemos? No, no lo es. Es un hecho probado, comprobado y vivido por esta que escribe, que así como el pesimismo se contagia, lo mismo ocurre con el optimismo. Pero nuestro cerebro no siempre está bien educado, y le enseñamos más a luchar contra el sufrimiento, que a disfrutar de los momentos felices. Esos que creemos efímeros, esos que creemos escasos.

En ocasiones he puesto en práctica ejercicios para ser testigo de esto que cuento, no desvelaré cómo lo hago, porque descubriéndome, todo el que me rodea estará alerta, y no atenderá a su emoción al reaccionar, sin consultar antes con su cabeza. Pero hoy desperté generosa y he decidido compartir un experimento que si es llevado a cabo, puede convertirse en una epidemia de alegría y sonrisa.
Propongo a todo el que me lea que se tome dos minutos de su tiempo, o tres a los sumo, para participar en él. Entiendo que las preocupaciones, la vida, el trabajo, las obligaciones y las responsabilidades, no me concedan más tiempo, así que invirtiendo únicamente tres minutos, lograremos muchos días de alegría. ¿Quién se apunta?
Dicho esto, vamos a lo que nos interesa. Todo se resume en dar gracias, eso es todo, así de sencillo. Dar las gracias a tres personas por algo que hayamos vivido durante este año, sea lo que sea, una velada inolvidable, un viaje único, o una simple tarde tranquila en nuestro hogar después de haber disfrutado de esa conversación que tanto necesitábamos, y animar a que estas personas, a su vez, hagan lo mismo. Gracias. Una palabra, cuya reacción puede provocar un cambio importante en nuestro tiempo presente, que es el ahora, que es lo único que tenemos.

Yo doy las gracias a mi familia, por haber estado a mi lado en los momentos tan importantes como mágicos vividos durante este año. Doy las gracias a ese amigo que dejó de lado su rutina para compartir conmigo un día inolvidable. Y le doy las gracias a mis sobrinos, por darme una lección cada día, por enseñarme el verdadero significado del amor incondicional.
Y lo he hecho de verdad, antes de escribir estas letras, me he dedicado un instante para hacerlo, y he de confesar que me costaría mucho elegir entre lo que he sentido al decirlo, y lo que me ha hecho sentir su respuesta, pero esto, si no les importa, me lo guardo para mí.
Normalmente cuando hablo pido que nadie crea lo que digo, sólo que lo intenten, que lo hagan, y que esperen a ver el resultado. Es increíble como algo tan simple y básico como esto, a muchos les pueda resultar extraordinario. Si realmente queremos acabar con la pena contagiada, empecemos por nosotros, por nuestro entorno, y dejemos que se propague con naturalidad. Inviten a todo el que conozcan a que lo haga. Y si hay algún valiente en la sala, le invito a que lo comparta con nosotros, porque a veces sólo necesitamos ser conscientes de que algo es normal para atrevernos a hacerlo. Nos cuesta mucho asumir que somos diferentes al resto, hagamos que algo como esto nos haga sentir iguales.
Y como yo soy la que escribe, me permito un comodín, y les doy las gracias a ustedes, por el mero hecho de darse una oportunidad para ser mejores.

Laura Riñón Sirera

2017-05-25T10:09:23+00:00

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