Atreverse

A lo largo de nuestra vida vivimos momentos en los que nos encontramos desubicados, inmersos en una realidad que aunque sea la que eligiéramos vivir en el pasado, ya ha dejado de hacernos felices. Pero la elegimos nosotros, y por esa razón creemos que es la que tenemos que vivir.

Atreverse

Estamos equivocados.

Las ilusiones y las metas evolucionan al ritmo que lo hacemos nosotros. No nos estamos fallando si nos planteamos dejar de hacer aquéllo que decidimos emprender en cierta ocasión, nos fallamos cuando nos resignamos a vivir un sueño que probablemente si nos genera dudas, es porque ya nada tenga que ver con quiénes somos hoy.

En ocasiones el cambio se asocia a sufrimiento o dolor, lo que no siempre es necesario. Cuando notamos que algo no funciona, cuando empezamos a dejar de disfrutar de lo que nos rodea, cuando emocionarnos nos supone un esfuerzo… debemos preguntarnos qué es lo que nos falta, qué echamos de menos, dónde me gustaría estar si no estuviera aquí, o qué es éso que me impide ser feliz.

Las respuestas están en nuestro interior, puede que escondidas bajo capas de hábitos adquiridos erróneamente, o quizá creamos que “somos así” desde hace tiempo, que ya nos resulte imposible cambiar. Error.

El cambio es posible siempre.

Siempre.

Aunque durante el proceso incluso nuestro sueño sufra una constante transformación, y la meta final nada tenga que ver con la inicial. Tomamos conciencia de quiénes somos, nos situamos en el punto de partida, y ya estamos en el nuevo camino. Alejándonos de un lugar al que ya no pertenecemos, y sin portar las pesadas cargas sin las que caminaremos más livianos, hacia lo que algunos llamamos ilusión, sueño o en el lenguaje específico del coaching: visión.

El cambio puede nacer gracias a la variación de un simple hábito, o de varios de ellos. Hemos de aprender que los hábitos acaban creando a la persona, y éstos nacen en nuestros pensamientos.

 

No les pido que me crean, pero sí que hagan la prueba, que varíen algo por muy simple que les parezca, sustituir el primer café de la mañana por un zumo, o invertir más tiempo en realizar ejercicio físico, o saludar con una sonrisa cada día… Gestos sencillos que tienen una repercusión tan evidente en nuestra actitud, que nos hará más felices para afrontar el cambio en nuestro presente con un talante optimista.

 

Somos dueños de nuestro destino.

2017-05-25T10:57:32+00:00

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