Los seres humanos tenemos un recurso que sale del vientre de nuestra madre con nosotros, está tatuado en cada célula de nuestro cuerpo, tanto así que hasta nos define como seres humanos.
Es vital como el mismo oxigeno que respiramos, es un recurso que aunque se duerma en algún momento de nuestras vidas, puede despertar mágicamente como las flores en primavera, es un recurso tan completo que además de crear consciencia nos hace vivir en el presente, es un recurso que hace que desaparezca la ira, que la comprensión asuma todo el protagonismo, nos pone automáticamente en una tercera posición, la posición del observador, observador entretenido, benévolo, observador que no castiga, sino todo lo contrario, se divierte y comprende automáticamente, perdona, y olvida porque no juzga, acepta.
Objetivando nuestras experiencias y reviviéndolas como algo hasta agradable, vemos todo de manera más clara, tenemos una visión automática de nuestras reacciones, de cómo nos ponemos en según qué casos y situaciones, las vemos menos peligrosas, nos relajamos automáticamente, sentimos que ya no es una amenaza cualquier cosa que antes de que apareciera este recurso, quizás hasta nos espantaba amenazándonos.
Ese recurso es El Sentido del Humor, este recurso hace que la situación más tensa parezca la más disparatada, hace que lo que me causa angustia termine matándome de risa, quizás este recurso sea lo que me salvo la vida, por eso lo valoro tanto, además es un recurso que no cuesta vida cultivarlo, ya es parte de nosotros desde que éramos pequeños, tan sólo mirar a un niño, tan sólo ver cómo ríe y de lo qué se ríe, veremos el recurso del sentido del humor en pleno apogeo.
Es curioso como casi todos los recursos se cultivan y este se muere en el olvido de los que no quieren utilizarlo, pero a pesar de todo, el desuso no genera amnesia, puede sorprendernos en cuanto nos relajamos, en cuanto nos sacamos la máscara y dejamos tanta etiqueta y le damos la libertad a nuestra mente para que juegue, para que se disfrace de lo que quiera ser, cuando nos desnudamos y dejamos de luchar, el padre de los recursos vuelve a encendernos la vida con una nueva perspectiva, más liviana, menos acartonada y sobre todo menos peligrosa y tensa.

Si este recurso esta en nuestra niñez, dejar salir ese niño inquieto y juguetón hará que el recurso nos coja de la mano para dar una vuelta y quizás, quién nos dice, no nos vuelva a soltar.
Autor: Parisi  Faranna