Siempre he tenido una gran facilidad para ilusionarme por las cosas, de ahí supongo que viene mi curiosidad por aprender más, mi interés por lo desconocido, lo nuevo, lo revelador que exlique ciertas cosas en la vida de una manera distinta. Leo, converso, escribo, busco, me pierdo, me encuentro… y algunos dirían que no tengo los pies sobre la tierra, ya que siempre estoy divagando, pensando, imaginando y tratando de crear.
Por eso cuando descubrí el Coaching me dije: ¡Wow, soy capaz de todo! Y me lo creí de verdad, porque además todo me cuadraba, siempre he intuido que éramos mucho más de lo que éramos en apariencia, que teníamos más fuerza, más seguridad, más amor, más ganas… simplemente había que desenterrar ese Más y convertirlo en nuestro lema.
Por desgracia el mundo no está lleno de personas tan optimistas como yo o al menos tan ilusionadas. Los que son realistas –los optimistas bien informados–, han ido contándome que esto del Coaching es un bulo, una moda, una forma de venderte humo, de hacerte creer cosas que al poco tiempo volvían a desvanecerse y que sólo te servía para motivarte de forma puntual, una especie de autoengaño temporal que finalmente te hace volver a tu zona de confort y sigues con tu vida gris y rutinaria de siempre.
He tenido que oÍr incluso de personas cercanas comentarios que ponían en duda el que yo pudiera vivir dedicándome al Coaching, de que alguien pudiera dedicarse a ello de forma completa y honesta. Y sinceramente esto desmotiva un poco. Así he sido yo hasta ahora: empezaba a creer firmemente en algo, a ilusionarme como una niña, para luego volver a la cruda realidad, al oír a esas personas dudar de mis capacidades o la elección que había tomado. Con la misma facilidad que me ilusionaba, me desilusionada por las presiones sociales, familiares o laborales.
Y cuando un hábito se repite, como nos cuenta Joe Dispenza en su magnífico libro “Deja de ser tú”, nos enganchamos a él, nos volvemos adictos a esa emoción causada por una situación similar. Si siempre me han dicho que no iba a conseguirlo, si esto siempre ha provocado una fuerte impresión en mí y como consecuencia, una parálisis, de ahora en adelante, cada vez que la gente deje de creer en mí o en lo que hago, yo también dejo de hacerlo.
Esto era antes. Al menos deseo que esto sea mi Antes. Mi Ahora es otro: mi ahora es que sé que somos meras marionetas en manos de nuestro cuerpo, de nuestro sistema nervioso autónomo, de nuestro subconsciente que repite una y otra vez viejos programas que para mal o para bien, han funcionado. Es cuestión de ahorro de energía, de automatizar procesos, de vivir más cómodamente.
A partir de ahora no quiero seguir viejos patrones. No quiero oir a la gente a mi alrededor poner en duda mi profesión, cuestionar que sea capaz de vivir de ello. Simplemente me pondré una meta y diré: a por ella, lo consiga o no. En realidad el resultado puede ser de una u otra manera, no dependerá plenamente de mí, y nadie me garantiza el éxito. Pero por esta misma regla, nadie me garantiza el fracaso tampoco.
Hoy alguien importante para mí dudó de mi proyección de futuro. Y lo primero que sentí fue duda, duda acerca de mí, de mis posibilidades, de mi capacidad de superarme, de ser una Coach profesional, de vivir de ello y desarrollarme en este campo. Y de pronto sentí agradecimiento: entendí algo muy grande. Vi el color y la forma del Miedo, esa Sombra que me acompañó durante toda mi vida, que iba conmigo al instituto, a la universidad, que salía conmigo de fiesta, que me acompañó en mi búsqueda del amor, que me seguía sigilosa a mis entrevistas de trabajo. Esa sombra que siempre estaba en los momentos más difíciles, los momentos de incertidumbre, de no-confort, una figura sombría que me infundía nervios y me repetía: no podrás, no vales, no lo mereces, tu lugar está donde siempre, no trates de salir, no destaques, no pretendas ser mejor, no vas a conseguirlo, no vas a poder con ello, vas a fracasar, se burlarán de ti, no serás nadie.
¿De qué me sirve esta Sombra? Y sobre todo ¿cómo librarme de ella de una vez por todas?
Si a ti también te acompaña una sombra parecida a la mía, te aconsejo que trates de darle un nombre, que encuentres a esa persona que la Sombra representa, y que veas qué relación te une con ella, qué sentido tiene en tu vida, para qué está aquí. Mi Sombra personal tiene un nombre muy bonito: se llama Aceptación. Busco que esa Sombra me acepte. Trato de caerle bien, a pesar de que muchas veces me rebelo contra ella. La amo y la odio al mismo tiempo. Es parte de mí. Es parte de mi pasado. Y trato de alejarme de ella, pero ella siempre me acompaña.
¿De qué me sirve? En realidad, está aquí para que aprenda a valerme por mí misma, para ser independiente, para ser libre. Porque mientras ella esté a mi lado, nunca seré libre, nunca seré feliz. Cuestionaré cada paso nuevo que dé, la opinión de los demás me seguirá importando, buscaré agradar a todos, porque ellos están también representados por esa Sombra. Sé que a pesar de tenerla tan cerca, no consigo que me quiera y no encuentro la forma de hacerla feliz.
¿Cómo puedo librarme de ella? Amigos, para eso está el Coaching. La Sombra intenta decirme que lo que hago no tiene valor, no vale la pena. Ya es hora de que deje de tratar de demostrarle nada a esta Sombra, ya es hora de que viva por mí y no por ella. Amarse y aceptarse es la clave. Sentirse valiosa, sólo por el hecho de estar aquí, de vivir, de haber nacido.
Gracias, querida sombra, por esa lección que aprendí esta mañana mientras el tren me transportaba de Amsterdam a Utrecht, en mi aventura nómada llena de disconfort. Gracias por haberme dado cuenta de dónde parten mis miedos, qué forma tienen, qué tratan de decirme y cómo puedo vivir lejos de ellos… o al menos de manera que no interfieran en mis sueños.
Coaching, queridos amigos, es para aquellos que sueñan, quieren atreverse, pretenden librarse de sus sombras y sus miedos, ansían ilusionarse y desean triunfar. Buscan ser alguien en la vida, destacar, crear y aportar valor. Yo quiero todo eso. Si tú también lo quieres, ya sabes dónde estoy.

Por @mashamikhailova