El Toro

Esta es la historia de un sueño, bueno de tres o cuatro sueños en realidad, que he tenido o se me han repetido en el espacio de casi dos meses. La similitud por la que veo una equivalencia entre estos sueños es “un toro”. Todos tenemos sueños todos los días, luego al despertar es difícil acordarse, sin embargo, sí que hay días que por algún motivo recuerdas perfectamente lo soñado, sobre todo cuando ves una conexión entre ellos.
En mi primer sueño, yo voy a la casa de mis padres, cuando llego y ya estoy dentro de la casa, se oye ruido y voces que vienen del exterior, de la calle, me asomo a la ventana y observo que hay un gran toro negro, que de algún sitio se ha escapado y va libremente por la calle del pueblo, mi pensamiento en ese momento es,- “que suerte que tengo, menos mal que ya he llegado y no tengo que salir de aquí, de momento y cuando tenga que salir, ya se habrá ido el toro o se lo habrán llevado”.
Ese día intenté dar una explicación al sueño, yo no recordaba haber soñado con un toro jamás, sin embargo la explicación… no me convenció demasiado y, bueno lo dejé estar.
Pasadas un par de semanas volví a soñar con un toro, en esta ocasión yo estaba en una habitación de un hotel y tenía que trasladarme hacia un auditorio, y había un toro suelto por los pasillos del hotel, aún sabiéndolo me atreví a salir de la habitación y me dirigí a sentarme en un sillón del patio de butacas del teatro o auditorio, cosa o acción que conseguí realizar sin contratiempo, cuando ya estaba sentada en el sitio, pensé, -“ que suerte que tengo que he podido llegar donde yo quería cuando el toro se ha despistado”.
De nuevo intenté dar una explicación al sueño y no conseguí nada que me convenciese… lo único que tenía claro es que, en ambas ocasiones yo me consideraba afortunada, ya que el toro no me había agredido, en la primera ocasión me encontraba a salvo, no tenía que ir a ningún sitio, y en esta segunda vez, sí que tenía que salir, pero aproveché un momento en el que el toro se despistaba, para ir donde yo quería. En fin… Pasado un tiempo, dos o tres semanas, volví a soñar con un toro, en esta última ocasión, yo me encontraba de nuevo en la habitación de lo que parecía un hotel, el toro pretendía entrar donde yo estaba, en la lucha, él empujaba desde fuera y yo empujaba desde dentro, manteniendo la puerta cerrada,  yo pensaba en ese momento, – “ que suerte tengo, que este toro es pequeño y yo puedo con él”, tras esta imagen, me veo en una plaza de toros y en su albero había un escenario en el que yo estaba subida de pie, el escenario tenía una estructura de hierro, cubierta externamente por unas telas, de nuevo aparece un toro, embiste el escenario, rompe las telas, pero con la estructura de hierro no puede, y yo pienso, – “ que suerte tengo, que este toro es pequeño, el está abajo, yo arriba, y aunque rompa la tela, con la estructura de hierro no puede”.
Hay diferencias significativas entre los sueños;
–              El tamaño del toro, al principio, era más grande, pero la última vez era mucho más pequeño.
–              En los primeros sueños, el toro, rondaba a mí alrededor, pero no intentaba agredirme, en el último sí, sin embargo yo me enfrento a él, y en realidad salgo airosa en todas las circunstancias.
–              Mi posición personal va cambiando, en el primer sueño, me encuentro a salvo, ya que no tengo que moverme del sitio en el que estoy, en los posteriores sí que tengo que trasladarme, tengo que ir a sentarme a un patio de butacas y lo consigo aprovechando el despiste del animal y en el último sueño, paso, no sé muy bien cómo, de una habitación, a estar de pie encima de un escenario, que está situado en el albero de una plaza.
Hay también similitudes significativas en todos los sueños;
–              En todos y cada uno de los sueños pienso; “que suerte que tengo….”
–              Mi situación personal va evolucionando, en el primer sueño, estoy a salvo, protegida, sin tener que emprender ninguna acción que entrañe riesgo, en los siguientes sueños, tengo que defenderme o enfrentarme a la situación, y lo hago, además con éxito, ya que consigo llegar al lugar en el que quiero estar, a pesar de las dificultades.
Todos estos sueños finalmente, han tenido una explicación que creo verídica, ya que he encontrado una similitud con mi realidad,  es la siguiente.
En los últimos meses yo había trabajado en un proyecto, realizando un libro, que pretendía ser un regalo de Reyes para mis hijos, sin embargo no estuvo preparado para esa fecha, cuando lo terminé, un mes después, lo edité y cuando recibí los ejemplares, empecé a plantearme la posibilidad de hacer una presentación pública, me surgieron en ese momento varias cuestiones; ¿De qué forma podría presentarlo? ¿Por qué no comercializarlo?, barajé varias opciones, y ninguna de ellas me terminaba de convencer… Finalmente, de alguna forma vencí mis miedos, mis creencias limitantes y me atreví  a pedir cita para hablar con la Concejala de Cultura de mi pueblo, ésta me recibió con los brazos abiertos y me dio todo tipo de facilidades, hasta se sentó a mi lado para presidir el acto de presentación del libro, yo sorprendida en todo momento… de contar con el apoyo de la Concejala de Cultura del Ayuntamiento.
Yo quería hacer un acto dinámico, diferente de todos aquellos actos de presentación de libros, que me aburrían, para ello, pensé que mi discurso lo haría de pie, con teatro de diálogo interno incluido, pues… en un momento determinado de ese discurso, de repente y como un rayo, a mi mente vino “el toro” y la explicación de estos repetitivos sueños.
Allí estaba yo, encima de un escenario, hablando para un extenso y variado  público, consiguiendo mi objetivo, venciendo mis miedos:
Nadie es profeta en su tierra…
Mi trabajo nunca se valora, ni se tiene en cuenta… ¿Qué pasa si mi libro no gusta?
 ¿Qué pasa si mi discurso es un fracaso?
La presentación del libro fue todo un éxito, en doble sentido, a la gente le gustó mi interpretación y además les ha gustado el libro, muchos me han felicitado doblemente y yo me siento orgullosa por haber conseguido gestionar mis miedos, que hasta hace muy poquito tiempo no hubiese sido capaz.
“El toro” me vino a demostrar que se puede vencer, que se puede lograr dominar el miedo, que si te lo propones puedes triunfar, que aunque a veces tus pretensiones las coloques muy altas, las puedes conseguir, que cuando por fin, decides enfrentarte a una situación, de repente “el toro”, se ha hecho más pequeño y puedes con él. Que lo puedes derrotar, sin necesidad de matarlo… simplemente estando por encima de él, teniéndolo presente, sabiendo que está ahí acechando para que no te descuides, para que estés alerta…Pero tu poder es muy superior al suyo y puedes dominarlo.

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Autor: Mateo Molina
2016-10-20T19:06:35+00:00

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