Cambiar el mundo

Soñé que quería cambiar el mundo. Hasta que un día desperté y decidí que había llegado el momento de cumplir otro sueño más de mi lista infinita.  Entendí entonces que para conseguirlo,  yo era la primera que tenía que cambiar algo.

Y así lo hice.

No fue tarea fácil, si he de ser honesta, pues antes de empezar uno ha de saber qué es aquello que hay que cambiar, hacer o dejar de hacer, sólo para que nuestros despertares amanezcan con un color distinto. No soy partidaria de la teoría que defiende  que para mejorar hay que tocar fondo, pues esa caída al inframundo de nuestras emociones llega en ocasiones por incapacidad nuestra, o por no ser conscientes de que en algo nos equivocamos. No es el dolor el único camino para aprender. Lo único que hice fue preguntarme: ¿cómo quiero que sea mi vida? Y poco a poco fui descubriendo que mis anhelos eran muchos más de los que hasta entonces había creído, y que mis metas se multiplicaban y se agolpaban en mi apasionada cabeza. Así que me puse manos a la obra…

Cuando estás en el camino correcto las cosas salen, y eso que llaman buena suerte aparece sin más, por el mero hecho de estar en el sitio en el que tanto tu cabeza como tu corazón han decidido estar. Cada uno elige su camino, y las decisiones que tomamos dependen única y exclusivamente de nosotros. Puede que yo eligiera un camino fácil, no lo niego, pero es el que a mí me funcionó y es donde pienso quedarme durante mucho tiempo. Hasta la eternidad, si puedo pedirlo.

Entendí que no todos sentimos ni pensamos igual, y que a veces ante una misma situación cada uno reaccionamos de manera diferente. Entendí que no ser iguales, no nos hace mejores o peores que los demás, simplemente distintos cuando estamos cara a cara. Entendí que algunos miedos nos bloquean y que por suerte a veces aparecen personitas tan solo para mostrarnos una salida que ni siquiera conocíamos. Entendí que aquellos que tenemos la suerte de vivir optimistas tenemos la obligación de contagiar nuestro optimismo. Repito: obligación. Que no todo el mundo necesita escuchar una palabra de apoyo, pero que decirla siempre es un aliciente para mejorar. Que podemos ayudar a crecer a los demás simplemente dando lo poco que tengamos nosotros. Y sobre todo entendí que no hay mayor regalo que dar las gracias. Sentirse agradecido es tan importante como lo es agradecer, porque todo lo que damos nos será devuelto en mayor cantidad.

Hace años desperté un día sabiendo que algo podría hacer para cambiar el mundo, mi mundo, y lo hice. Y aunque sé que aún me queda mucho para llegar a convertirme en la mejor versión de mí misma, no me rendiré hasta lograrlo. De nada sirve querer ayudar a los demás cuando uno se olvida de sí mismo, de nada sirve tener una virtud, por pequeña que creamos que sea, y no compartirla con los que nos rodean. De nada sirve sentarse a soñar cuando en nuestra mano está hacer posibles los sueños.

Y créanme: los sueños se cumplen si caminamos valientes hacia ellos. Valentía, perseverancia, ilusión y humildad.

Gracias a los que con una palabra de agradecimiento me mantienen en mi sueño de querer seguir creciendo para cambiar el mundo. Un mundo cuyo horizonte está cada vez más lejos.

Gracias.
2016-10-20T19:06:35+00:00

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