Ay qué emoción

El primer paso para una buena gestión emocional, es necesario que conozcamos nuestras emociones, que seamos capaces de ponerles un nombre para saber qué nos está pasando y poderle, así, hacer frente.
Todos tenemos emociones. A lo largo de un día normal, podemos enfadarnos, alegrarnos, tener momentos de bajón en los que nos sentimos tristes o podemos ser presas de nuestros miedos más profundos. Las emociones nos acompañan a lo largo y ancho de toda nuestra vida, en los momentos más importantes y también en los más aburridos, en los que el tedio se hace presente en nuestro plano sentimental.
Sí. Todos tenemos emociones. Son algo natural. Pero, ¿estamos tan familiarizados con ellas como cabría esperar de algo tan aparentemente innato? ¿Qué son realmente las emociones? ¿Alguno sabría definirlas?
Pues bien, las emociones no dejan de ser INFORMACIÓN. Información vital y adaptativa que nos indica aquello que nos gusta, lo que nos hace sentir bien, lo que nos da miedo, etc. Tienen, entonces, una importante función adaptativa para las especies.
Son, por tanto, una alarma que se dispara en nuestro cerebro cuando algo va genial o, por el contrario, cuando algo no va bien, generando una serie de reacciones en nuestro cuerpo y nuestra mente para prepararnos para la acción. 
Al fin y al cabo, son ese motor interno que nos hace reaccionar ante las situaciones de nuestra vida
(E-MOCIÓN= Previo al movimiento, aquello que nos lleva a la acción).
Dentro del amplio campo de emociones que existen, podemos distinguir entre emociones primarias, que son sentidas por todos y cada uno de los seres humanos que pueblan el planeta Tierra y poseen un mismo significado para todos y una expresión facial igual y universalmente reconocible, sin apenas influencias culturales, y emociones secundarias, derivadas de estas anteriores y más mediadas culturalmente y con mayor complejidad. Estas emociones que todos podríamos reconocer perfectamente son las siguientes:
ALEGRÍA: Esta surge cuando sentimos que hemos alcanzado los objetivos que nos proponíamos, cuando estamos a gusto, cuando nos estamos divirtiendo. Esta nos induce a reproducir aquello que nos ha provocado la emoción, lo que nos hace sentir bien.
TRISTEZA: La pena, la soledad y el pesimismo que esta emoción nos acarrea se produce cuando experimentamos una pérdida de algo o alguien que creemos importante y querido (muerte de alguien, ruptura sentimental, despido de un trabajo, etc.). Entonces, nos lleva al retraimiento para la reflexión, para una reintegración personal.
ANSIEDAD/MIEDO: Esta emoción aparece cuando anticipamos un peligro o una amenaza, algo que nos produce incertidumbre e inseguridad. Su función, por tanto, es protegernos.
IRA: Esta surge cuando interpretamos que lo nuestro, nuestras posesiones, nuestros límites, etc. han sido traspasados, violados y/o atacados. Por ello, nos induce a la destrucción (del atacante)
ASCO: Surge cuando algo o alguien nos produce rechazo, aversión, no nos gusta, nos parece repulsivo. Su función es proteger nuestra salud de aquello que nos la produce (de ahí que el gesto típico del asco sea cerrando los orificios nasales, ojos y boca)
SORPRESA: Cuando ocurre algo (bueno o malo) que nos desconcierta, que no esperábamos, que nos sobresalta, surge esta emoción, que nos lleva a orientarnos hacia lo que ocurre para ver lo que pasa (de ahí que abramos ojos y boca en todas las direcciones)
Como vemos, todas las emociones tienen su función y su por qué. TODAS. Tanto las negativas como las positivas. Y es normal y saludable sentirlas todas cuando hay que sentirlas, aunque generen malestar. Y esto es necesario que lo sepamos, puesto que existe la falsa idea de que “no podemos permitirnos pasarlo mal”, que “la felicidad sólo existe cuando experimentamos alegría”. Y por ello intentamos enmascarar nuestra emocionalidad con fármacos y sustancias creyendo que seremos más dichosos y que esto no tendrá ningún tipo de secuela ni efecto secundario.
Pero, ¿acaso no es normal sentirnos tristes y llorar cuando se nos muere alguien o nos deja nuestra pareja? ¿No podemos permitirnos tener miedo a perder el trabajo o a no llegar a fin de mes? Sentir emociones negativas es saludable y adaptativo. Lo negativo en sí es lo que hacemos con estas emociones, es decir, la conducta que acarrean. Lo mismo ocurre con las emociones positivas (¿o es que ninguno ha cometido locuras cuando ha sentido una alegría desorbitada?), pero estas nos preocupan menos, puesto que no generan ningún malestar, y no tomamos “pastillitas” para estar menos alegres.
Aún recuerdo cuando una amiga me dijo una vez si no podía hacerle terapia para sentir menos. “Ojalá pudiera hacerte terapia para que pudieras sentir más” le respondí. Juzgad vosotros mismos y decidid como seres humanos que sois.

“El dolor es inevitable. El sufrimiento, opcional”,
Autor: María Sanz
2016-10-20T19:06:28+00:00

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