La democratización del coaching como una metodología al alcance de todos

El coaching se empezó a conocer en España a partir del año 2000, de la mano de algunos coaches pioneros que han ejercido una influencia decisiva en el conocimiento, expansión y desarrollo de esta metodología.

Transcurridos 15 años desde su implementación, todos los profesionales que nos hemos unido a la práctica y difusión del coaching, hemos podido apreciar en qué medida ha calado en el conjunto de la sociedad española como una herramienta imprescindible para la mejora de las capacidades en los distintos ámbitos en que el coaching permite desenvolverse.

Prueba de ello es la cantidad de escuelas que se han constituido a lo largo de nuestra geografía, así como el interés creciente de las personas que todos los años pasan por los diferentes centros de formación.

Los estudios sobre el mercado de coaching realizados en los últimos años demuestran que esta metodología se ha desarrollado especialmente en el ámbito empresarial donde se imparten de procesos de coaching ejecutivo.

La Asociación Internacional de Coaching y Psicología (AICP) en el marco de su área de Acción Social, frente al deseo de que los beneficios del coaching se extiendan a poblaciones distintas a las de las burbujas empresariales, promueve distintas iniciativas orientadas a extender el coaching a todos los ámbitos de la sociedad.

Un ejemplo de ello son los colectivos y las personas que, como los extranjeros, buscan soluciones a problemas vitales que permitan definir la viabilidad de su proyecto migratorio en España.

Durante el año 2011 – 2012 bajo la supervisión de la AICP tuve la oportunidad de dirigir un proyecto piloto de coaching personal, titulado: “Asesoría Individual de Objetivos Personales” en el Centro Hispano Centro-americano de Participación e Integración de Inmigrantes de la Comunidad de Madrid.

El objetivo de este proyecto fue el de facilitar la participación en un proceso de “coaching personal” a los usuarios del centro que no tenían acceso al conocimiento del coaching, como tampoco medios económicos para pagar este tipo de servicios.

Junto con el equipo de trabajo y la coordinación del centro, concluimos que debido a que la palabra “coaching” es un anglicismo que genera muchas ambigüedades, era necesario denominar el proyecto con un nombre que facilitara la comprensión y el alcance del mismo. Por ello, decidimos llamarlo: “Asesoría individual de objetivos personales”.

Las personas que decidieron participar en el proyecto, recibieron 8 sesiones gratuitas. La primera sesión, era exclusivamente informativa. En la misma, a través de una presentación con diapositivas, se exponía la dinámica de la metodología del coaching. Las siguientes 7 sesiones, estaban dedicadas a conseguir los objetivos de los usuarios.

Según la International Coach Federation, el coaching “es una relación profesional continuada que ayuda a obtener resultados extraordinarios en la vida, personal, profesional, empresarial o de negocios de las personas. El objetivo es que el cliente profundice en sus conocimientos, aumente su rendimiento y mejore su calidad de vida”.

En segundo lugar, a los participantes se les pasaba un cuestionario que nos permitía determinar que eran aptos para realizar un proceso de coaching. Es decir que, no necesitaban terapia psicológica y asimismo, era necesario asegurarnos que en ese momento, no estaban tomando ninguna medicación que pudiera interferir en el logro de sus objetivos.

Llevamos a cabo estas pruebas, con prudencia y responsabilidad, ya que en algunos casos la distinción entre las temáticas que se tratan en las terapias psicológicas y en los procesos de “coaching personal”, son muy similares.

En este sentido, la AICP promueve la metodología del coaching como un ejercicio fundamentado en la ciencia de la psicología ─a través de la “conciencia académica” y el desarrollo de principios reguladores entre ambas profesiones─.

Por último, se les entregaba un contrato en el que se plasmaba de forma escrita, las responsabilidades tanto del coach, como del cliente.

Para promover la toma de conciencia en su decisión, se les facilitaba unos días de reflexión para que resolvieran si realmente deseaban iniciar el proceso de coaching con la firma del contrato.

A continuación menciono dos casos que a mí me emocionaron muchísimo y que recuerdo con mucho cariño debido a mi aprendizaje personal y profesional y los resultados obtenidos en mis clientes.

El primero es el de P, mujer de 64 años, guardia de seguridad, con estudios de bachillerato y nacionalidad española.

Recuerdo la primera vez que la recibí, con voz temblorosa me comentó que le había llamado la atención el proyecto y agregó que sentía que esta era su última oportunidad para superar su objetivo que era: “Tomarme la tensión en el plazo de un mes”.

Durante su proceso que duró 4 sesiones gracias a que alcanzó su objetivo en la segunda sesión, utilizó su creatividad e imaginación para diseñar sus planes de acción. Decidió premiarse poniendo “estrellitas” en su nevera los días que se tomaba la tensión.

Además, salieron a la luz una serie de situaciones como por ejemplo, su dependencia hacia un señor mayor que no le correspondía emocionalmente. Como logro adicional, aparte de conseguir su objetivo de coaching, descubrió que “estaba atrapada en sus propios pensamientos y que no tenía tiempo para pararse un momento y pensar”.

Trabajamos la gestión de sus pensamientos y mi clienta me resumía sus avances con las siguientes palabras: “Estoy más tranquila, escucho a la gente, no estoy a la defensiva, no estoy tan agresiva, no me siento mal. Lo noto al hablar al no estar riñendo a todo el mundo”

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El segundo caso es el de LD, peruana de 33 años, con estudios de bachillerato, camarera y soltera. Su objetivo era “Aprender a contabilizar en un período de dos meses”.

No consiguió su objetivo porque se dio cuenta que su base académica no le permitía estar al nivel de sus compañeros de clase y por ello, antes de continuar con su curso, decidió reforzar sus conocimientos contratando a un profesor particular.

Como valor añadido a su proceso de coaching, aprendió a potenciar su capacidad de introspección. En la última sesión, me comentaba: “En todo el proceso de coaching he aprendido a entender mi mundo interno, me refiero a mis emociones, las cosas que están allí de las que no soy consciente”.

Durante ese año de trabajo mi aprendizaje fue inmenso. Me di cuenta de que mi propuesta de coaching cuestionaba el método tradicional paternalista del centro, en el que los trabajadores del mismo ─doy fe de que lo hacían con las mejores intenciones─ determinaban las necesidades de los usuarios desde su propia perspectiva y no tomaban en cuenta las opiniones de los beneficiarios.

De esta manera, el coaching se convirtió en un método no euro-centrista ya que no alimentaba una necesidad profunda de obediencia que garantizara el seguimiento de las recomendaciones del centro por parte de los usuarios.

Por el contrario, promovía la igualdad de género, la responsabilidad, el autoempoderamiento y daba libertad para que los usuarios eligieran las acciones que ellos consideraban importantes en su vida y no las que el sistema les obligaba tomar.

Asimismo, se daban cuenta con mucha sorpresa que también tenían la autonomía para continuar o abandonar su proceso, con independencia de lo que yo como coach ─con una visión objetiva y neutral─ pudiera pensar que podía ser favorable para ellos.

He podido constatar que el coaching se debe democratizar y hacer accesible a todos los sectores de la sociedad porque en sí mismo es una metodología democrática, debido a los siguientes puntos:

  • No busca soluciones perfectas, ni defiende posturas omniscientes a partir del uso de la razón, ya que el coach no tiene poder ante su cliente. Al contrario, es el cliente el que decide lo que mejor le conviene, siempre y cuando respete los derechos de las personas de su entorno.
  • Los coaches no imponemos verdades absolutas, pues a través de la escucha empática y activa, cedemos espacio ante las opciones que nos ofrecen nuestros clientes respetando el entorno socio cultural del que provengan, ideología política, religión, estatus, social, educativo, etc.
  • Los coaches, simplemente ayudamos a que el cliente amplíe su visión, tome conciencia, responsabilidad y valore las ventajas y desventajas de sus objetivos y proyectos personales.

La experiencia que tuve con los usuarios del Centro Hispano Centroamericano de la Comunidad de Madrid me llevan a la conclusión de que si queremos que las personas avancen de forma igualitaria en una sociedad, se debe expandir el coaching en todos los ámbitos con independencia de las características individuales y grupales de cada uno de nosotros.

Todos somos susceptibles de cambiar nuestra vida si tenemos la oportunidad de vernos a nosotros mismos, y descubrir los recursos y estrategias internas que tenemos para tomar nuestras propias decisiones y lograr nuestros sueños.

 

La democratización del coaching como una metodología al alcance de todos.

Fuente: A.I.C.P

Mercedes Valladares Pineda

Psicóloga y Coach Transcultural

2017-05-25T10:01:05+00:00

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