Vivir tus dones y sanar tus heridas

Que suerte vivir en Andalucía. En una mañana de noviembre se puede disfrutar  del sol sentado en una terraza y en mangas de camisa. Ese era el escenario: tres amig@s –Oliva, María y Juan-concertados para tomar un café que acabó convirtiéndose en zumo de naranja. Sin ningún plan concreto y dispuestos a disfrutar de la mutua compañía. Una mañana espléndida, de temperatura tibia, con una brisa marina que refrescaba lo justo y una gran sensación de comodidad. Se presentaba una charla agradable. De las de cargar pilas.

 

-Juan- Este fin de semana descanso, estaré tranquilo en casa con la familia, saldré al campo, paseo, siesta… Ya iba siendo hora.

-María C- ¡¡Sí hijo sí, que con esto del coaching no paras!!

-Juan- Bueno…, me sienta bien, me gusta y viajo, todo un lujo para una mente inquieta.

-María- ¡¡Claro!! Como el coaching se ha puesto tan de moda. Por cierto, todavía nadie me ha explicado en tres palabras en qué consiste eso.

-Juan- … Y supongo que ha llegado el momento de resolver tu duda existencial y que mi obligación de colega es: recoger el reto y hacerlo yo, ahora mismo, antes de que se acabe el mundo.

-María- … Tú lo llevas…… ¿ves? en tres palabras.

-Juan- Además, si no es en tres palabras no valdrá ¿me equivoco?…

¡Señores, me tocó la lotería! Igual que le toca al gracioso contar un chiste, al médico pasar la consulta de café o al psicólogo resolver lo de tu prima. Me acaba de tocar hacer coaching-malabares y concentrarlo en tres palabras.

-María- ¿No eres tú el que va a tanto curso? ¡¡Algo te habrán enseñado!!

-Juan- Pues sí, a no entrar en batallitas ni malabares para satisfacer mi ego o el tuyo.

-María- ¡¡Ya está!! Otra vez poseído por el espíritu del coach, además de un coach borde. ¿Tú haces Borde Coaching?

 

Las carcajadas de Oliva y mías estuvieron  a la altura del gesto de refunfuño y del comentario de María. Era ella en su estado más puro. Y los tres sabíamos que ese emperre del coaching en tres palabras le duraría toda la mañana, todo el día o toda la semana y que durante un tiempo sería su soniquete delante de cafés, zumos o cuando sintiese el pellizco travieso de chinchar.

– “Sí, sí, lo que tú digas. Pero no lo explicaste en tres palabras cuando te lo dije,    ¿a que sí Oliva?”

Durante uno segundos mi parte traviesa pensó en recrearse con esa situación durante un tiempo. Dejarla sin contestación y juguetear, el asunto prometía risas y picante. Por otra parte el timbre de mi contestador de retos había sonado recordándome con varias palpitaciones que estaba en juego. El acuerdo conmigo mismo fue rápido, era el momento de negociar con ella:

-Juan- ¿Si te lo describo en tres palabras, me dejarás que luego te pregunte lo que quiera y me escucharás diez minutos sin interrumpir?

-María- Hecho. Si además pagas los zumos y no son más de tres preguntas. Oliva de árbitr@.

Si la conocieseis como yo, sabríais que el trato era muy ventajoso para mí, era una oportunidad única y un alarde de generosidad por su parte. ¿Callada y escuchando diez minutos?… Oliva nos miraba entre divertida e incrédula mientras se acomodaba en el asiento para asistir al espectáculo. María giró la cabeza hacia ella y con una sonrisa malvada y una ceja subida… ¡Y tu calladita que “pa” ti también tengo!. Otra vez la carcajada fue de los tres.

-Juan: Ya lo tengo.

-María: ¿El qué?

-Juan- … Las tres palabras –dije con una amplia sonrisa-

-María- … ¡No jodas! ¿Ya? … No me lo creo… Venga, dilas.

 

“CAMBIAR PARA MEJORAR”

 

En aquel momento resonaron y las sentimos como una profunda certeza. Oliva sonrió pícara, se irguió en la silla, tomó el zumo y dio un pequeño sorbo preguntando con los ojos:

– ¿A ver qué dices ahora guapita?

María puso cara de “mal negocio hice” y se echó suavemente sobre el respaldo. Abrió la boca para decir “¡ehhhhh!” Le faltó el soniquete de “que no se vale casa” que usábamos en el recreo. Se incorporó hacia la mesa con la cara iluminada para nuevamente decir, esa vez con menos energía, “¡ehhhhh!” seguido de un sonoro “¡puuufffffff!” al tiempo que aflojaba el cuerpo y miraba a la árbitr@ para que pitase algo, un fuera de juego, falta, o lo que fuese. Oliva tenía los ojos totalmente abiertos y una mirada amorosa, que repartía entre los dos.

Recogí todo el amor que pude de esa mirada y seguí:

CAMBIAR significa que ya hay algo previo, algo que ahora mismo no nos apetece mantener totalmente, pueden ser incluso pequeñas heridas, como rozaduras que nos dificultan al andar. Y al mismo tiempo también se reconoce que existen otras cosas que sí quisiéramos incorporar, como dones que poseemos y que están nuestro desván personal. Las dos opciones están dentro de nosotros y un coach ayuda a buscarlas alumbrando con preguntas-linterna en los rincones. ¿Qué cambiarías de ti si pudieses hacerlo ahora mismo?

 

PARA.- Esta preposición que parece no significar mucho es importantísima para un coach, significa sentido, finalidad. Es el pegamento que une, usando la acción, la intención del cambio con el resultado. Lo dirige hacia una finalidad propia, que sale de dentro y enfoca hacia un objetivo, preferentemente aquel para el cual tengo los dones que poseo y que se curtieron hasta hoy con esas pequeñas heridas cotidianas. A ambos, dones y heridas, les tengo que agradecer que me trajesen hasta aquí. ¿Qué harías en primer lugar para originar ese cambio?

 

MEJORAR. Nuestro cuerpo reconoce cuando nos acercamos hacia un fin que refuerza nuestra condición humana, o cuando nos alejamos de ella y de los demás seres con los que compartimos vida. Cuando conectamos con lo mejor que podemos ofrecer, al sentir o al tener sensaciones que te encaminan a estados expansivos de conexión, placidez, de energía y satisfacción, seguramente vamos en el camino correcto. Aquí es conveniente tener cuidado con los placebos y satisfactores dañinos. ¿Antes, durante o después de hacerlo, te sientes plen@?

Este camino, cuando se afronta solo o con la compañía de un coach, te permite que al ver lo mismo que vivías hasta ahora, lo hagas desde otra perspectiva. ¿Qué herramientas puedes utilizar para acercarte a ese estado deseable? Pues hay muchas. Casi todas las técnicas que se dirijan de forma honesta a conseguir tu propio bienestar, y siempre que sea posible el de otras personas, puede servir. Desde las más formales y académicas hasta otras con menos relevancia científica, desde las más innovadoras hasta las más ancestrales. Dependerá de la sensibilidad de cada uno.

Lo que sí aparece como punto en común es que todas las que se ejercen desde la benevolencia, o sea, desde la intención honrada y profunda de hacer el bien para mí y para los demás. También que se acaban relacionando con una o varias de las dimensiones del ser humano: con la dimensión física, con la cognitiva o con la trascendental; con las emociones, con los pensamientos y con la energía. Para conseguir avances contamos con la ventaja de que usando cualquiera de ellas influyes en las otras. A partir de ahí, cada práctica, técnica y/o escuela hace más hincapié en uno u otro formato.

Esto aprendo cuando paso un fin de semana fuera. ¿Crees que un viaje semejante, merece la pena?

 

-María- Ok, lo pillo, ¿y las preguntas?

-Juan- … Hechas, y fueron cuatro…

-María- ¿Estás seguro?

-Juan-  Sí. Ya las hice, cariño, ya las hice…

 

Cuando se es leal, se mira al pasado, ¿a quién quieres que sean leales tus hijos y tus nietos? – R.Dilts, Taller El Camino del Héroe.

 

Fuente: A.I.C.P

Juan Sayago Pérez –  Coach

2016-10-20T19:06:22+00:00

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