• ¿Alguna vez has dicho que sí a la petición de un amigo, aunque en realidad no querías o no podías?
  • ¿Has aceptado sin más situaciones que te cabrean como que se te cuelen en la cola del súper o estar en un restaurante y te traigan una copa sucia o un plato que no se ajusta a lo que pediste, sólo por no causar problemas?
  • ¿Renuncias a cosas que crees que mereces, por no causar molestias a la otra persona?

¿Te reconoces en alguna de estas situaciones? Tranquilo, no eres ni el primero ni el último al que le pasa. A menudo, aceptamos pasivamente situaciones desagradables para nosotros solo por agradar a los demás.

No obstante, hay una forma de responder manifestando tu opinión sin resultar dañino, ¿cómo? A través de la asertividad.

La asertividad es una forma de comunicarte exponiendo tus opiniones, defendiendo tus derechos y realizando sugerencias de manera no agresiva, y controlando el mensaje. Dicho de otra manera, es una forma de comunicarte respetándote a ti mismo, a la vez que respetas a tus interlocutores.

Empleando la comunicación asertiva, lograrás mejores resultados a la vez que ganas confianza en ti mismo, ya que estás respetando tus decisiones y se lo estás comunicando a los demás de una forma cuidada y respetuosa.

¿Entonces qué me aporta la asertividad?

  • Expresar tu opinión, y dejar atrás el miedo a pedir favores.
  • Expresar emociones negativas, no siempre tenemos que mostrarnos de acuerdo, podemos expresas críticas, quejas… o rechazar peticiones
  • Expresar emociones positivas cuando así lo sintamos, sin temor a lo que puedan penar los demás.
  • Preguntar por qué y sentirte legitimado a cuestionar la autoridad o las tradiciones.
  • Empezar y terminar conversaciones sin sentir que estamos faltando al respeto.
  • Compartir tus sentimientos, y favorecer que el resto también compartan las suyas.