Desde hace ya varios años en España hemos escuchado o leído infinidad de ocasiones que nos movemos en un mercado y entorno de los más cambiante, flexible e incierto. Parece que llevamos años con esta idea flotando en el ambiente pero son muy pocas organizaciones las que de verdad han “cogido el toro por los cuernos” y se han adaptado profesional y personalmente a este nuevo paradigma.

 

En la realidad del 2017 ya no solo basta con tener un excelente currículum, experiencia y grados universitarios, en este nuevo enfoque resulta mucho más eficaz manejar y expresar adecuadamente y con efectividad nuestras emociones y las de los demás. Una investigación, realizada a nivel mundial por “The Consortium for Research on emocional Intelligence in Organizations”, concluyó que el éxito obtenido en una empresa se debe en un 23% a las capacidades intelectuales y en un 77% a las aptitudes emocionales.

 

La Inteligencia Emocional en la compañía comienza desde dentro de los propios colaboradores al utilizar sus emociones para reforzar el rendimiento y las relaciones laborales.  Dentro de la organización algunas de las competencias clave serán: la identificación de los propios sentimientos y emociones así como la de los demás, la verbalización de éstos, la empatía, la búsqueda de soluciones adecuadas a diferentes problemáticas, el mejoramiento de la actitud pro social y armoniosa en el trabajo en equipo y el mejoramiento de la cooperación dentro del mismo.

 

Con el fin de lograr equipos de alto rendimiento, que exploten todos sus talentos y recursos, que trabajen con un único objetivo o meta en común y caminen aunados en valores, es necesario desarrollar una serie de competencias emocionales ya sea a nivel individual o a nivel global atendiendo al equipo como un sistema, como un todo.

 

A nivel individual, cada uno de los miembros del equipo debe ser capaz de conocer sus propias emociones y saber expresarlas de manera efectiva, además poseer herramientas para comunicarse asertiva y proactivamente con el fin de lograr la plena compresión de los estados emocionales entre los miembros del equipo. Conociendo las emociones de nuestros compañeros nos ahorraríamos confusiones y malentendidos, además de mejorar el clima laboral, la confianza y empatía entre todo el sistema.

 

Se pueden establecer las bases de la relación entre los miembros del equipo después de conocer los miedos, inseguridades y causas del comportamiento de sus miembros, permitiéndonos encontrar soluciones ecológicas y válidas para cada uno de los integrantes.

 

A nivel grupal, hay que tener muy en cuenta la propia emoción del equipo como sistema, no olvidemos que el todo es mucho más que la suma de las partes y que un equipo expresa emociones a nivel general influyendo en los resultados globales de la compañía. Captar que emoción siente un equipo resulta del todo necesario si se quiere evaluar la realidad del momento y trazar un plan de acción desde ahí. Dinámicas grupales de Inteligencia Emocional resultan muy eficaces para captar la emoción actual y la emoción que se desea adquirir.

 

Conociendo tanto las emociones individuales como de la globalidad del equipo se podrán analizar tanto la cultura imperante como el inconsciente de la empresa, algo que no se ve pero que influye en gran medida en sus resultados.